
En la consulta de traumatología pediátrica y de adolescentes, dos entidades concentran buena parte de la patología intraarticular de cadera que hoy consideramos susceptibles de tratamiento artroscópico: la epifisiolisis femoral proximal (deslizamiento de la epífisis capital femoral, conocida por sus siglas en inglés SCFE) y el conflicto femoroacetabular (CFA) de presentación juvenil. Ambas comparten un denominador común: aparecen en un esqueleto todavía inmaduro, lo que condiciona tanto el diagnóstico como la estrategia quirúrgica.
Epifisiolisis femoral: de la fijación urgente a la corrección de secuelas
La epifisiolisis femoral proximal es la enfermedad de la cadera más frecuente en la adolescencia, típicamente entre los 10 y los 16 años, con mayor incidencia en varones y en pacientes con sobrepeso. El tratamiento inicial sigue siendo, en la inmensa mayoría de los casos, la fijación in situ con tornillo canulado para evitar la progresión del deslizamiento. Sin embargo, incluso en deslizamientos leves o moderados correctamente fijados, es frecuente que quede una deformidad residual en la unión cabeza-cuello femoral que actúa como un CFA tipo leva (cam) secundario.
Aquí es donde la artroscopia de cadera ha ganado protagonismo en los últimos años: como herramienta para corregir esa asimetría residual, resecar el rodete labral dañado por el pinzamiento crónico y tratar el daño condral asociado, siempre que el paciente presente síntomas mecánicos persistentes tras la consolidación de la epífisis.
CFA juvenil: una entidad que empieza antes de lo que pensábamos
El conflicto femoroacetabular ya no se considera exclusivo del adulto joven deportista. Cada vez identificamos con más frecuencia deformidades tipo cam y pincer en pacientes adolescentes, muchas veces vinculadas a deportes de alta demanda de rotación y flexión de cadera como el fútbol, el hockey o la danza. La hipótesis fisiopatológica más aceptada apunta a un cierre precoz o irregular de la fisis femoral proximal en respuesta a cargas repetitivas durante el crecimiento, lo que generaría esa morfología en leva.
El diagnóstico clínico no difiere sustancialmente del adulto: dolor inguinal mecánico, limitación de la rotación interna en flexión y test de impingement positivo. La resonancia magnética, idealmente con secuencias específicas de cadera, sigue siendo el estándar para evaluar labrum y cartílago antes de plantear cualquier intervención.
Indicaciones quirúrgicas: prudencia antes que entusiasmo
La indicación de artroscopia de cadera en un paciente adolescente exige un análisis más conservador que en el adulto. En muchos casos, sobre todo con fisis abiertas y deformidades leves, el manejo inicial sigue siendo fisioterapia dirigida, modificación de actividad y reevaluación periódica. La cirugía se reserva para quienes presentan dolor incapacitante, fracaso del tratamiento conservador y una morfología clara en las pruebas de imagen.
La decisión sobre el momento óptimo, antes o después del cierre fisario, sigue siendo motivo de debate en la literatura reciente, y no existe consenso absoluto sobre si intervenir con la fisis parcialmente abierta ofrece ventajas frente a esperar su cierre completo.
Puntos clave en la valoración del paciente joven
- Confirmar el estado de la fisis femoral proximal mediante radiografía simple antes de planificar cualquier osteoplastia.
- Descartar epifisiolisis contralateral asintomática en pacientes con deslizamiento unilateral, especialmente en menores de 12 años.
- Individualizar la indicación quirúrgica según intensidad de síntomas, no solo según hallazgos de imagen.
- Priorizar técnicas que preserven al máximo la fisis y el aporte vascular epifisario.
- Planificar un seguimiento a largo plazo, dado que estos pacientes acumularán décadas de uso articular.
Consideraciones técnicas en el paciente con esqueleto inmaduro
Desde el punto de vista quirúrgico, operar una cadera con fisis abierta o recientemente cerrada obliga a extremar el cuidado en la colocación de portales y en la profundidad de la fresa durante la osteoplastia femoral, para no comprometer el remanente fisario ni la vascularización de la cabeza femoral. La experiencia del cirujano en anatomía pediátrica y el uso sistemático de fluoroscopia intraoperatoria son, en mi práctica, condiciones que no admiten atajos.
«En la cadera del adolescente no operamos solo una lesión actual, operamos el punto de partida de toda una vida articular futura.»
Mirando hacia 2026: seguimiento y expectativas realistas
La tendencia actual va hacia protocolos de seguimiento más estructurados, con controles clínicos e imagen a mediano y largo plazo, para detectar precozmente signos de progresión artrósica o de deformidad residual no corregida. Aún faltan series con seguimiento suficientemente largo para establecer con precisión el pronóstico a veinte o treinta años de estos pacientes operados en la adolescencia, y esa es, a mi juicio, la gran tarea pendiente de la investigación en artroscopia de cadera pediátrica para los próximos años.
Lo que sí podemos afirmar hoy, con la evidencia y la experiencia clínica acumulada, es que un diagnóstico temprano y una indicación bien fundamentada marcan la diferencia entre una cadera adolescente que envejece con normalidad y otra que arrastra artrosis precoz en la edad adulta.