
Durante años, el paciente mayor de 70 años con patología de hombro recibía casi por defecto un manejo conservador o, en el mejor de los casos, se le ofrecía cirugía únicamente ante fracturas complejas. Esa visión ha cambiado. En nuestra práctica diaria vemos cada vez más pacientes octogenarios activos, con buena reserva funcional y expectativas altas de recuperar su autonomía para actividades cotidianas o incluso deportivas de bajo impacto. La pregunta ya no es «¿se puede operar a esta edad?», sino «¿qué técnica y qué objetivo funcional son razonables para este paciente concreto?».
El envejecimiento tisular no es uniforme
El manguito rotador envejece, pero no lo hace igual en todos los pacientes. La degeneración grasa del músculo, la retracción tendinosa y la calidad ósea del troquíter condicionan mucho más el resultado quirúrgico que el número de años del paciente. Una rotura crónica masiva con infiltración grasa avanzada en un paciente de 72 años tiene un pronóstico reparador muy distinto al de una rotura aguda traumática, incluso en un paciente de 80, donde el tejido puede conservar una calidad razonable si la lesión es reciente.
Por eso, la evaluación preoperatoria en este grupo etario exige algo más que una resonancia magnética estándar. La clasificación de Goutallier para la infiltración grasa, la valoración de la retracción tendinosa según Patte y el estudio cuidadoso de la densidad ósea local son herramientas que orientan la decisión entre reparación anatómica, técnicas de puente (bridging), parches biológicos o, directamente, opciones no reparadoras.
Indicaciones más frecuentes en la práctica actual
La rotura del manguito rotador sigue siendo la indicación más habitual de artroscopia de hombro en este rango de edad, seguida de la patología asociada al hombro pseudoparalítico y, con menor frecuencia, la inestabilidad traumática recurrente tras una caída. También es relevante el papel de la artroscopia diagnóstica y terapéutica en casos de capsulitis adhesiva refractaria a tratamiento conservador, donde la liberación artroscópica puede acelerar significativamente la recuperación funcional cuando la fisioterapia prolongada no ha dado resultado.
En pacientes con artropatía de manguito avanzada, la discusión ya no gira en torno a la reparación tendinosa, sino a la conveniencia de una artroplastia invertida de hombro, procedimiento que en muchos casos combina abordaje artroscópico inicial para desbridamiento con la sustitución protésica posterior. Esta es una de las áreas donde más ha evolucionado el manejo del paciente mayor en los últimos años, ampliando el abanico de soluciones más allá de la cirugía puramente artroscópica.
Riesgos perioperatorios que hay que anticipar
El riesgo anestésico y cardiovascular es, lógicamente, mayor en este grupo, aunque la mayoría de series describe que la anestesia regional (bloqueo interescalénico) combinada con sedación ligera reduce de forma notable la necesidad de anestesia general y sus complicaciones asociadas. La posición de silla de playa, habitual en la cirugía artroscópica de hombro, exige un control estricto de la tensión arterial en pacientes con antecedentes cardiovasculares, dado el riesgo teórico de hipoperfusión cerebral.
Otro punto crítico es la fragilidad ósea. La fijación con anclajes debe adaptarse a una calidad ósea frecuentemente osteoporótica, lo que en ocasiones obliga a modificar la técnica de sutura o a emplear anclajes de mayor superficie de anclaje cortical. La cicatrización tendinosa también es más lenta, por lo que los protocolos de rehabilitación deben ajustarse, priorizando la protección articular sobre la recuperación rápida de rango de movilidad.
Claves para la decisión quirúrgica en el paciente mayor
- La edad biológica y funcional pesa más que la edad cronológica en la indicación quirúrgica.
- La calidad del tejido tendinoso y muscular (infiltración grasa, retracción) debe evaluarse siempre con imagen específica antes de decidir técnica.
- La anestesia regional reduce riesgos perioperatorios frente a la anestesia general en la mayoría de los casos.
- Los objetivos funcionales deben pactarse con el paciente: recuperar autonomía diaria no siempre requiere una reparación anatómica completa.
- La rehabilitación debe ser más conservadora en tiempos, respetando la biología de cicatrización más lenta.
Expectativas realistas y toma de decisiones compartida
Uno de los aspectos que más valoramos en consulta es alinear expectativas. Un paciente de 74 años que quiere volver a jugar al pádel tiene un objetivo funcional distinto al de otro de la misma edad cuya prioridad es vestirse sin dolor o dormir sin molestias nocturnas. La toma de decisiones compartida, explicando con honestidad las probabilidades de éxito funcional según el tipo de lesión y la técnica disponible, es hoy un pilar del abordaje quirúrgico en este grupo de edad.
«En el paciente mayor, la mejor cirugía no es siempre la más ambiciosa técnicamente, sino la que mejor responde a lo que ese paciente concreto necesita recuperar.»
La evidencia disponible hasta 2026 respalda que, con selección adecuada del paciente y de la técnica, los resultados funcionales en mayores de 70 años pueden ser comparables a los de pacientes más jóvenes en términos de alivio del dolor y recuperación de autonomía, aunque con expectativas de rango de movilidad y fuerza algo más conservadoras. Para profundizar en los fundamentos técnicos de estas intervenciones, recomendamos revisar nuestra sección dedicada a la artroscopia de hombro, donde ampliamos aspectos técnicos y casos clínicos relacionados.
La cirugía artroscópica de hombro en el paciente mayor de 70 años ha dejado de ser una excepción para convertirse en una herramienta terapéutica bien establecida, siempre que se aplique con criterio individualizado, evaluación integral del paciente y objetivos funcionales realistas y consensuados.