
Durante años, la subastragalina quedó relegada a un segundo plano frente a la articulación tibioastragalina, en parte por su acceso quirúrgico limitado y en parte por el desconocimiento de su papel real en el dolor de retropié. Hoy, con mejores portales y óptica de pequeño calibre, podemos explorar esta articulación con una precisión que hace apenas una década era impensable. En esta entrega quiero repasar con ustedes las indicaciones que, en mi práctica diaria y según la literatura más reciente, sostienen el uso de la artroscopia de tobillo extendida al compartimento subtalar.
Dolor subtalar crónico de origen incierto
Uno de los escenarios más frecuentes en consulta es el paciente con dolor en el seno del tarso, muchas veces tras un esguince mal resuelto, cuya resonancia magnética resulta normal o inespecífica. En estos casos, cuando el tratamiento conservador (fisioterapia, infiltraciones guiadas, modificación de calzado) ha fracasado tras un periodo razonable, la artroscopia subastragalina permite una exploración directa de la sinovial, los ligamentos interóseos y el cartílago articular. En mi experiencia, la sinovitis del seno del tarso y las lesiones parciales del ligamento interóseo astragalocalcáneo son hallazgos habituales que justifican el procedimiento, tanto diagnóstico como terapéutico mediante sinovectomía o desbridamiento.
Secuelas de fracturas de calcáneo
Las fracturas articulares del calcáneo, incluso cuando se tratan correctamente, pueden dejar escalones articulares, cuerpos libres o cambios degenerativos tempranos en la cara posterior de la subastragalina. La artroscopia ofrece aquí una doble utilidad: por un lado, como complemento a la reducción abierta para verificar la congruencia articular en tiempo real, y por otro, en el manejo tardío de secuelas, facilitando la liberación de adherencias, la resección de osteofitos y, en casos seleccionados, preparando el terreno para una artrodesis subtalar asistida por artroscopia.
Coaliciones tarsianas
La resección de coaliciones calcaneonavicular y talocalcánea ha encontrado en la artroscopia una alternativa menos invasiva a la cirugía abierta clásica, especialmente en coaliciones de tamaño moderado y localización accesible. La visualización directa permite confirmar la resección completa del puente óseo o fibroso y valorar el estado del cartílago adyacente, un factor pronóstico que no siempre podemos anticipar con la imagen preoperatoria.
Osteocondritis y cuerpos libres
Aunque menos frecuentes que en la tibioastragalina, las lesiones osteocondrales de la carilla posterior subtalar existen y suelen pasar desapercibidas en estudios convencionales. La artroscopia permite su identificación precisa y el tratamiento mediante microfracturas o fijación, según el tamaño y la estabilidad del fragmento. Del mismo modo, los cuerpos libres postraumáticos, frecuentemente infravalorados como causa de bloqueos mecánicos intermitentes, encuentran en este abordaje una solución directa.
Artrodesis subtalar asistida por artroscopia
En pacientes con artrosis subtalar sintomática, ya sea postraumática o degenerativa, la artrodesis asistida por artroscopia se ha consolidado como una opción válida frente a la técnica abierta en casos seleccionados, con menor agresión a partes blandas y, en la mayoría de series publicadas, tiempos de consolidación comparables. No sustituye a la cirugía abierta en deformidades severas o en revisiones complejas, pero sí representa una alternativa sólida en artrosis primarias con eje conservado.
Indicaciones actuales más sólidas
- Dolor subtalar crónico sin respuesta a tratamiento conservador
- Sinovitis y lesiones del ligamento interóseo tras esguinces de repetición
- Secuelas intraarticulares de fracturas de calcáneo
- Resección de coaliciones tarsianas de tamaño moderado
- Osteocondritis y cuerpos libres de la carilla posterior
- Artrodesis subtalar en artrosis primaria con eje conservado
Una técnica exigente, no una moda
Conviene insistir en algo que repito con frecuencia a los residentes que rotan por nuestro servicio: la artroscopia subastragalina no es un procedimiento sencillo. El espacio articular es reducido, la anatomía vecina incluye estructuras neurovasculares que exigen un conocimiento preciso de los portales, y la curva de aprendizaje es más exigente que la de la tobillo propiamente dicha. No es una técnica para aplicar de forma rutinaria sin experiencia previa en artroscopia de tobillo.
«La subastragalina exige respeto quirúrgico: su pequeño volumen articular no perdona la falta de planificación ni de experiencia previa.»
En definitiva, 2026 nos encuentra con un abanico de indicaciones más depurado que hace unos años, apoyado en mejoras técnicas reales y en una selección de pacientes más rigurosa. El reto, como siempre, no está solo en dominar la técnica, sino en reconocer con precisión qué pacientes se beneficiarán de ella.