
Cuando hablamos de complicaciones en artroscopia de tobillo, las lesiones neurológicas ocupan un lugar destacado dentro de la literatura, no tanto por su gravedad (la mayoría son transitorias) como por su frecuencia relativa frente a otras articulaciones abordadas por vía artroscópica. El tobillo es una articulación pequeña, con recorridos nerviosos superficiales y muy variables entre pacientes, lo que exige una planificación cuidadosa de cada portal.
Anatomía de riesgo: los nervios en la diana
El nervio peroneo superficial, el nervio sural, el nervio safeno y las ramas terminales del nervio tibial posterior discurren en trayectos subcutáneos que, en muchos pacientes, cruzan justo por encima o muy cerca de los portales estándar. La variabilidad anatómica individual es la norma, no la excepción: en algunos pacientes el peroneo superficial se bifurca proximalmente, mientras que en otros mantiene un tronco único hasta el dorso del pie. Esta variabilidad es precisamente lo que convierte a la palpación y a la marcación previa en pasos imprescindibles, no opcionales.
En nuestra experiencia editorial, revisando series y comunicaciones de distintos grupos quirúrgicos, el patrón se repite: las lesiones nerviosas descritas en artroscopia de tobillo son predominantemente neuropraxias por tracción o por lesión directa con el trocar, y en su gran mayoría se resuelven de forma espontánea en semanas o pocos meses. La lesión completa y permanente es infrecuente cuando se respeta la técnica.
Portales anteriores: el nervio peroneo superficial en el punto de mira
El portal anteromedial suele considerarse el más seguro, con el nervio safeno y la vena safena mayor como estructuras a vigilar. El verdadero punto crítico es el portal anterolateral, donde el nervio peroneo superficial (o alguna de sus ramas) puede encontrarse a escasos milímetros del trayecto de entrada. La técnica de "nick and spread" (incisión cutánea mínima seguida de divulsión roma con pinza mosquito hasta la cápsula) sigue siendo la recomendación más sólida para minimizar el contacto directo del instrumental con el nervio.
La transiluminación con el propio artroscopio, flexionando plantarmente el tobillo y palpando el trayecto nervioso antes de la incisión, es un gesto sencillo que muchos cirujanos experimentados incorporan de forma sistemática y que reduce el margen de error en pacientes con anatomía menos previsible.
Portales posteriores y distracción: el sural y el tibial posterior
Los portales posteriores, cada vez más utilizados en el abordaje del compartimento posterior y en cirugía del retropié, implican un riesgo añadido sobre el nervio sural y, en menor medida, sobre el paquete tibial posterior si el portal se medializa en exceso. Aquí la clave no es solo la localización del portal, sino también el uso racional de la distracción articular. Una tracción excesiva o mantenida durante tiempos prolongados se ha asociado, en distintas series, con parestesias transitorias que exceden el territorio de un único portal, sugiriendo un componente de tracción generalizada sobre estructuras neurovasculares más que una lesión puntual.
Puedes ampliar el contexto técnico general de estos abordajes en nuestra sección dedicada a la artroscopia de tobillo, donde recopilamos indicaciones, portales y consideraciones quirúrgicas actualizadas.
«La mejor forma de tratar una lesión nerviosa en artroscopia de tobillo es no llegar a producirla: la prevención empieza antes de la primera incisión, con el rotulador en la mano.»
Estrategias de prevención basadas en la técnica
La evidencia acumulada durante los últimos años, más que apuntar a un único gesto salvador, respalda un conjunto de medidas que, aplicadas de forma sistemática, reducen de manera consistente el riesgo de neuropraxia. No existe una técnica infalible, pero sí una disciplina quirúrgica que marca diferencias claras entre grupos con baja y alta incidencia de complicaciones neurológicas.
Puntos clave para minimizar el riesgo neurológico
- Marcar los trayectos nerviosos superficiales con rotulador dérmico antes de colocar el campo quirúrgico.
- Utilizar siempre la técnica de incisión mínima y divulsión roma ("nick and spread") en todos los portales.
- Evitar la distracción articular prolongada o excesiva; liberar la tracción en cuanto no sea imprescindible.
- Emplear tracción no invasiva siempre que la exposición lo permita, reservando la distracción con clavos para casos seleccionados.
- Explorar la sensibilidad y motricidad distal en la consulta postoperatoria precoz para detectar cualquier déficit de forma temprana.
Qué hacer si aparece una lesión nerviosa
Ante una parestesia o hipoestesia en el territorio de un nervio superficial tras artroscopia de tobillo, la actitud inicial debe ser expectante e informada: la mayoría de estas lesiones son neuropraxias que se recuperan de manera espontánea. Es fundamental documentar el déficit desde el primer control postoperatorio, explicar al paciente el pronóstico habitualmente favorable y establecer un calendario de reevaluación. Solo en casos de persistencia más allá de varios meses, o ante signos de lesión más severa, estaría indicada la valoración por parte de un especialista en cirugía de nervio periférico.
La artroscopia de tobillo seguirá creciendo en indicaciones durante los próximos años, y con ella la exposición de más cirujanos a este tipo de complicaciones. Conocer la anatomía de riesgo, respetar la técnica de portales y ser prudentes con la distracción articular sigue siendo, en 2026, la mejor herramienta de prevención de la que disponemos.