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Artroscopia de tobillo

El esguince de tobillo que no cura: qué lesiones oculta la artroscopia

Uno de cada varios pacientes con esguince de tobillo "simple" arrastra dolor y sensación de inestabilidad mucho después del plazo esperado de curación. En muchos de esos casos, lo que parecía un esguince banal escondía una lesión que solo la artroscopia permite identificar y tratar con precisión.

Publicado: 26 Oct 2026 · Dr. Enrique Galindo Martens

El esguince de tobillo que no cura: qué lesiones oculta la artroscopia

En la consulta de traumatología, el esguince de tobillo es de los motivos de consulta más frecuentes y, paradójicamente, de los más subestimados. La mayoría evoluciona bien con el tratamiento conservador clásico: reposo relativo, hielo, vendaje funcional y rehabilitación progresiva. Pero existe un subgrupo de pacientes en los que el dolor no cede, la inestabilidad persiste y la exploración clínica no termina de explicar por qué un esguince "normal" se ha convertido en un problema crónico.

Cuando esto ocurre, como editor y como cirujano que opera tobillos a diario, insisto siempre en la misma idea: hay que dejar de pensar en el esguince como una entidad única y empezar a pensar en él como un espectro de lesiones asociadas que no siempre se ven en la radiografía ni, sorprendentemente, en la resonancia magnética.

Por qué un esguince "simple" deja de serlo

El mecanismo de inversión forzada que produce el esguince lateral de tobillo no solo estira o rompe el ligamento peroneoastragalino anterior. En el mismo gesto traumático pueden producirse microfracturas osteocondrales del astrágalo, lesiones de la sindesmosis tibioperonea, atrapamientos de tejido sinovial o cicatricial en el receso anterolateral, o incluso subluxaciones de los tendones peroneos que pasan desapercibidas en la fase aguda.

El problema clínico es que todas estas lesiones asociadas comparten un síntoma común: dolor persistente e inestabilidad funcional. Esto hace que, sin una sospecha clínica dirigida, el paciente acabe etiquetado de "esguince crónico" o "inestabilidad funcional" sin que se identifique la causa estructural real.

El límite de la resonancia magnética

La resonancia magnética sigue siendo la prueba de imagen de referencia para el estudio del tobillo doloroso crónico, y en la mayoría de series publicadas tiene buena sensibilidad para lesiones ligamentosas y osteocondrales de cierto tamaño. Sin embargo, su rendimiento disminuye de forma notable en lesiones sinoviales pequeñas, en el impingement anterolateral y en ciertas lesiones condrales superficiales que no generan edema óseo significativo.

En la práctica, esto significa que un número no despreciable de pacientes con RM "normal" o "inespecífica" tienen, en realidad, una lesión estructural identificable que solo se confirma con visión directa de la articulación.

«La resonancia nos orienta, pero es la artroscopia la que nos permite ver, palpar y tratar lo que la imagen solo insinúa.»

Qué encontramos cuando entramos a la articulación

Cuando indicamos una artroscopia de tobillo en un esguince que no evoluciona como esperamos, los hallazgos más frecuentes incluyen tejido sinovial hipertrófico o fibrótico en el receso anterolateral (el llamado impingement de tejidos blandos), lesiones condrales o osteocondrales del domo astragalino de distinto grado de profundidad, cuerpos libres intraarticulares, y en menor proporción, lesiones sindesmóticas sutiles que pasan inadvertidas en la exploración estática.

Lo relevante desde el punto de vista quirúrgico es que muchas de estas lesiones se pueden tratar en el mismo acto diagnóstico: desbridamiento del tejido patológico, microperforaciones en lesiones condrales que lo indiquen, o extracción de cuerpos libres. Esto convierte a la artroscopia en una herramienta diagnóstica y terapéutica simultánea, algo que ninguna prueba de imagen puede ofrecer.

Cuándo sospechar una lesión oculta tras un esguince

  • Dolor persistente más allá de lo esperado tras un tratamiento conservador correctamente pautado
  • Sensación de bloqueo, chasquido o fallo articular al apoyar
  • Derrame o tumefacción recurrente sin traumatismo nuevo
  • Inestabilidad subjetiva que no mejora con fisioterapia dirigida
  • Resonancia magnética normal o con hallazgos inespecíficos que no justifican la clínica

El momento de indicar la artroscopia

No defiendo la artroscopia precoz en todo esguince de tobillo; sería un exceso terapéutico injustificado. La indicación tiene sentido cuando, tras un periodo razonable de tratamiento conservador bien hecho, persiste una clínica incompatible con la evolución natural esperada. Ese es el momento de plantear al paciente que la articulación puede estar escondiendo algo que ninguna prueba no invasiva ha sido capaz de mostrar con claridad.

En nuestra práctica clínica, esta decisión siempre se toma de forma individualizada, valorando el tiempo de evolución, el impacto funcional y la respuesta previa a la rehabilitación. No existe un umbral temporal universal, pero sí un principio que comparto con mis residentes: si el relato clínico no cuadra con la imagen, hay que mirar directamente.

Una llamada a la sospecha clínica activa

El mensaje para los compañeros que atienden esguinces de tobillo en consulta o urgencias es sencillo: la persistencia de síntomas más allá de lo esperado no es "mala suerte" ni "paciente exagerado". Es una señal de alarma que merece reevaluación estructurada, y en muchos casos, confirmación artroscópica. Identificar a tiempo estas lesiones ocultas evita años de dolor mal etiquetado y mejora de forma sustancial el pronóstico funcional del paciente.