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Artroscopia de hombro

Latarjet artroscópico vs abierto en 2026: qué dice realmente la evidencia

La técnica de Latarjet sigue siendo el patrón de referencia para la inestabilidad glenohumeral con pérdida ósea significativa. La pregunta ya no es si funciona, sino qué abordaje ofrece el mejor equilibrio entre precisión, seguridad y reproducibilidad.

Publicado: 29 Sep 2026 · Dr. Enrique Galindo Martens

Latarjet artroscópico vs abierto en 2026: qué dice realmente la evidencia

El procedimiento de Latarjet cumple décadas de vigencia y, lejos de perder protagonismo, ha ganado terreno a medida que comprendemos mejor el papel del defecto óseo glenoideo y humeral en el fracaso de las técnicas de partes blandas. Lo que sí ha cambiado de forma sustancial en los últimos años es el debate sobre la vía de acceso: abierta, artroscópica o híbrida. En 2026, con más de una generación de cirujanos formados en técnica totalmente artroscópica, conviene revisar con rigor qué aporta cada abordaje y dónde persisten las incertidumbres.

La técnica abierta: fundamentos que no han caducado

El Latarjet abierto sigue siendo la referencia histórica y, para muchos servicios, el estándar formativo. Su principal virtud es la exposición directa: el cirujano controla visualmente la posición del injerto coracoideo, la tensión del subescapular y la fijación con tornillos sin la curva de aprendizaje que exige la triangulación artroscópica. Las series publicadas a largo plazo, con seguimientos de más de una década, sostienen tasas de recidiva bajas y una función glenohumeral satisfactoria en la gran mayoría de los pacientes. La contrapartida conocida es la morbilidad asociada a la apertura del subescapular y una recuperación funcional algo más lenta en las primeras semanas, aunque las diferencias con la vía artroscópica tienden a diluirse a medio plazo.

El abordaje artroscópico: qué ha cambiado realmente

La versión artroscópica del Latarjet, popularizada y refinada especialmente en Europa, ha maximizado dos ventajas teóricas: la posibilidad de evaluar y tratar lesiones intraarticulares asociadas (Bankart óseo residual, lesiones de Hill-Sachs, patología del rodete o del bíceps) en el mismo acto quirúrgico, y una agresión de partes blandas menor, con preservación más cuidadosa de las fibras del subescapular. La instrumentación específica y las guías de posicionamiento han reducido buena parte de la variabilidad que caracterizó las primeras series. Aun así, se trata de una técnica exigente, con una curva de aprendizaje reconocida como prolongada incluso por cirujanos con experiencia artroscópica previa en hombro, y con complicaciones específicas descritas (mal posicionamiento del injerto, lesión neurológica transitoria) que exigen un volumen quirúrgico sostenido para minimizarse.

Qué dice la evidencia comparativa

Las revisiones sistemáticas y los estudios comparativos disponibles hasta la fecha coinciden en un mensaje central: en manos expertas, ambas técnicas ofrecen resultados clínicos y tasas de estabilidad comparables a medio y largo plazo. Las diferencias más consistentes se observan en variables secundarias: la vía artroscópica se asocia habitualmente a menor dolor postoperatorio inmediato y a una reincorporación algo más temprana a actividades cotidianas, mientras que la vía abierta mantiene una reproducibilidad más homogénea entre distintos centros, precisamente por su menor dependencia de instrumentación específica y experiencia acumulada. Ninguna serie seria permite hoy afirmar que una técnica sea claramente superior en tasa de recidiva o en satisfacción funcional del paciente cuando se compara entre cirujanos con experiencia consolidada en su respectivo abordaje.

«El mejor Latarjet no es el más moderno, sino el que el cirujano domina con seguridad y puede reproducir de forma consistente en su práctica habitual.»

Criterios prácticos para elegir el abordaje

En la práctica diaria, la decisión suele apoyarse en factores que trascienden la técnica en sí misma: el volumen de casos del centro, la disponibilidad de instrumentación artroscópica específica, la necesidad de tratar lesiones asociadas en el mismo acto y, de forma decisiva, la experiencia personal del cirujano. Los servicios con alto volumen de artroscopia de hombro y curva de aprendizaje ya superada tienden a migrar hacia el abordaje artroscópico o híbrido, mientras que unidades con menor volumen mantienen razonablemente la vía abierta como opción segura y bien contrastada. Ambas posturas son clínicamente defendibles en 2026.

Puntos clave para la práctica clínica

  • Ambos abordajes, abierto y artroscópico, muestran resultados comparables en estabilidad a medio y largo plazo en manos expertas.
  • La vía artroscópica exige una curva de aprendizaje prolongada y un volumen quirúrgico sostenido para minimizar complicaciones específicas.
  • La vía abierta sigue siendo una opción reproducible y bien contrastada, especialmente en centros con menor volumen de casos complejos.
  • La elección debe basarse en la experiencia real del cirujano y los recursos del centro, no en la moda técnica.
  • El abordaje artroscópico facilita el tratamiento simultáneo de lesiones intraarticulares asociadas.

En definitiva, el debate entre Latarjet abierto y artroscópico ha madurado desde la confrontación inicial hacia una convivencia razonada de ambas técnicas. Para el residente o el cirujano en formación, la recomendación clínica sigue siendo la misma que hace una década: dominar primero los fundamentos anatómicos y biomecánicos del procedimiento, y elegir la vía de acceso en función de la experiencia acumulada y no al revés. Quien desee profundizar en el resto de procedimientos artroscópicos de hombro y su evolución técnica puede consultar la sección artroscopia de hombro de esta revista, donde iremos actualizando el estado de la técnica a medida que surja evidencia relevante.