
Cuando empecé a operar inestabilidad de hombro, el Latarjet abierto era la referencia indiscutible: técnica reproducible, curva de aprendizaje conocida y resultados consolidados a largo plazo. Hoy, en 2026, la versión artroscópica ha ganado terreno en muchos centros de referencia, pero conviene analizar con calma qué aporta realmente y en qué contextos sigue siendo razonable el abordaje abierto.
El fundamento quirúrgico no ha cambiado
Ambas técnicas persiguen el mismo objetivo biomecánico: transferir la coracoides con su inserción conjunta (conjoint tendon) a la región anteroinferior de la glena, restaurando el arco óseo y generando un efecto de cabestrillo dinámico. La diferencia no está en la lógica quirúrgica, sino en el acceso y en el control visual e instrumental durante la fijación del injerto.
El abordaje abierto permite una manipulación directa de la coracoides y una fijación con tornillos bajo visión completa, con menor dependencia de instrumental específico. El artroscópico exige una curva de aprendizaje más exigente, instrumental dedicado y, en manos experimentadas, ofrece la ventaja de una valoración intraarticular completa de lesiones asociadas (Bankart, HAGL, lesiones condrales) en el mismo tiempo quirúrgico.
Resultados clínicos: convergencia más que superioridad
La literatura reciente tiende a mostrar resultados funcionales y tasas de recurrencia comparables entre ambas técnicas cuando se realizan en centros con experiencia consolidada. No existe evidencia sólida que permita afirmar que el artroscópico sea categóricamente superior en estabilidad a medio y largo plazo; lo que sí parece consistente en varias series es una recuperación funcional algo más rápida y un dolor postoperatorio inicial menor con el abordaje artroscópico, atribuible al menor daño de partes blandas.
En cuanto a la posición y consolidación del injerto óseo, la artroscopia facilita un control fluoroscópico o visual más preciso durante la colocación, lo que en teoría podría reducir el riesgo de malposición, aunque esto depende enormemente de la experiencia del cirujano más que de la técnica en sí misma.
«La técnica no sustituye al criterio quirúrgico: un Latarjet bien indicado y bien ejecutado, sea abierto o artroscópico, sigue siendo la mejor garantía de estabilidad a largo plazo.»
Complicaciones: matices que importan
Las complicaciones descritas en ambos abordajes son similares en naturaleza: lesión neurológica transitoria (más frecuentemente relacionada con la manipulación del plexo o del nervio musculocutáneo), fractura o reabsorción parcial del injerto, y en casos infrecuentes, migración de tornillos. La incidencia exacta varía considerablemente entre series según la experiencia del centro, por lo que cualquier cifra aislada debe interpretarse con cautela.
Lo que sí parece razonablemente aceptado es que la tasa de complicaciones neurológicas transitorias tiende a ser algo mayor en las fases iniciales de la curva de aprendizaje artroscópica, un dato coherente con la mayor dificultad técnica del abordaje, especialmente en el paso de suturas y en el control del ángulo de fijación.
Indicaciones actuales: ¿cuándo elegir cada técnica?
En la práctica clínica de 2026, la elección suele depender más del contexto asistencial y de la experiencia del cirujano que de una indicación absoluta basada en el paciente. Dicho esto, hay escenarios donde el criterio clínico inclina la balanza:
Claves para la decisión quirúrgica
- Pérdida ósea glenoidea significativa con necesidad de reconstrucción precisa: ambas técnicas son válidas si el cirujano domina la fijación.
- Revisión de cirugía previa fallida: el abordaje abierto puede facilitar el manejo de tejido cicatricial denso.
- Deportistas de contacto con demanda funcional alta: el artroscópico permite valorar y tratar lesiones asociadas en el mismo acto.
- Centros sin volumen suficiente para mantener competencia artroscópica: el abordaje abierto sigue siendo una opción segura y reproducible.
- Pacientes con anatomía compleja o cirugía previa de hombro: la decisión debe individualizarse según experiencia local.
Hacia dónde va la técnica
El desarrollo de guías de fijación específicas, sistemas de control intraoperatorio y la difusión de programas de formación estructurada están reduciendo progresivamente la brecha de la curva de aprendizaje artroscópica. Es previsible que en los próximos años el abordaje artroscópico gane más adeptos en centros de alto volumen, sin que esto implique el abandono del abordaje abierto, que sigue siendo una herramienta válida, especialmente en revisión y en contextos con recursos limitados.
Para quienes deseen profundizar en el conjunto de técnicas y controversias actuales en este campo, recomiendo revisar nuestra sección de artroscopia de hombro, donde iremos actualizando el análisis de la evidencia disponible.
En definitiva, la pregunta correcta en 2026 no es qué técnica es mejor de forma absoluta, sino qué técnica puede el cirujano ejecutar con seguridad y reproducibilidad en su entorno concreto. Esa honestidad quirúrgica sigue siendo, hoy como ayer, la mejor garantía para el paciente.