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Artroscopia de tobillo

Lesiones sindesmales y artroscopia de tobillo: cuándo mirar dentro

No todas las lesiones sindesmales se ven en una radiografía ni en una resonancia convencional. A veces, la única forma fiable de confirmar la inestabilidad es entrar en la articulación y comprobarlo con los propios ojos.

Publicado: 12 Oct 2026 · Dr. Enrique Galindo Martens

Lesiones sindesmales y artroscopia de tobillo: cuándo mirar dentro

La sindesmosis tibioperonea distal es una estructura que seguimos infravalorando en la práctica clínica diaria. Durante años hemos tratado los esguinces de tobillo como un bloque homogéneo, cuando en realidad existe un subgrupo de pacientes, los llamados "esguinces altos" o de sindesmosis, cuya evolución natural es distinta y cuyo abordaje terapéutico exige un nivel de sospecha más alto del que solemos aplicar.

El problema clínico es conocido: la exploración física tiene limitaciones evidentes para detectar una lesión sindesmal parcial, y las pruebas de imagen convencionales (radiografía simple, incluso la resonancia magnética) pueden no mostrar con claridad una inestabilidad dinámica que solo se manifiesta bajo carga o estrés rotacional. Aquí es donde la artroscopia de tobillo gana protagonismo, no como primera línea diagnóstica, sino como herramienta de confirmación y, en el mismo acto, de tratamiento.

El dilema diagnóstico: cuando la imagen no basta

En la consulta recibimos con frecuencia al paciente que, semanas después de un esguince "banal", sigue con dolor anterolateral, sensación de inestabilidad y limitación funcional que no termina de ceder con fisioterapia convencional. En ese contexto, la resonancia magnética es útil para valorar el ligamento tibioperoneo anteroinferior y posteroinferior, pero su sensibilidad para detectar lesiones sindesmales sutiles o inestabilidades dinámicas no es absoluta. La literatura reciente insiste en que la correlación entre hallazgos de resonancia y hallazgos artroscópicos no siempre es consistente, especialmente en lesiones de bajo grado.

Esto nos obliga a plantear una pregunta incómoda pero necesaria: ¿estamos subdiagnosticando inestabilidades sindesmales que explican el fracaso del tratamiento conservador en un subgrupo de pacientes? La respuesta, en mi experiencia clínica, es probablemente sí, y la artroscopia es la herramienta que nos permite cerrar esa brecha diagnóstica.

La prueba de estrés artroscópica

Uno de los avances conceptuales más relevantes de los últimos años es la sistematización de la prueba de estrés bajo visión artroscópica directa. Con el artroscopio introducido en el portal anteromedial, se aplica una maniobra de rotación externa y traslación del peroné mientras se observa en tiempo real la apertura de la sindesmosis a nivel del receso tibioperoneo. Esta visión directa permite graduar la inestabilidad con una precisión que ninguna prueba de imagen estática puede ofrecer.

No se trata de un gesto anecdótico. Es, en la práctica, el patrón de referencia funcional para decidir si una sindesmosis necesita estabilización quirúrgica o puede manejarse de forma conservadora. La mayoría de series clínicas coinciden en que la correlación entre esta prueba dinámica y el resultado funcional del paciente es más consistente que la de cualquier prueba estática aislada.

Indicaciones razonables para explorar la sindesmosis por artroscopia

  • Dolor anterolateral persistente más allá de seis semanas tras esguince de alto grado, sin mejoría con tratamiento conservador bien pautado.
  • Sospecha clínica de inestabilidad sindesmal con resonancia dudosa o no concluyente.
  • Fracturas de tobillo con sindesmosis potencialmente inestable, donde se busca confirmar la reducción y la necesidad de fijación.
  • Pacientes deportistas con demanda funcional alta en los que el margen de error diagnóstico debe ser mínimo.
  • Revisión de casos con fijación sindesmal previa y evolución clínica insatisfactoria.

De la visión diagnóstica al gesto terapéutico

Una de las ventajas reales de este abordaje es que el mismo acceso artroscópico que confirma la lesión permite, en muchos casos, tratarla. El desbridamiento de tejido fibroso o cicatricial en el receso sindesmal, la liberación de adherencias y la valoración directa de la reducción tras una eventual fijación con tornillo o sistema de sutura-botón son gestos que se benefician enormemente de la visión artroscópica frente a la fluoroscopia aislada.

Esto es especialmente relevante en las fracturas de tobillo con componente sindesmal, donde distintos trabajos han mostrado que la fluoroscopia intraoperatoria puede infraestimar la malreducción sindesmal en un porcentaje no despreciable de casos. La artroscopia, en este contexto, actúa como control de calidad quirúrgico, permitiendo corregir en el mismo tiempo operatorio una reducción subóptima que de otro modo pasaría desapercibida hasta la revisión postoperatoria.

«La sindesmosis no es una estructura que se trate a ciegas: es una articulación que merece ser vista antes de decidir cómo se estabiliza.»

Un cambio de mentalidad, no solo de técnica

Incorporar la valoración artroscópica de la sindesmosis a nuestra práctica habitual implica un cambio de mentalidad más que una simple actualización técnica. Supone aceptar que, en un subgrupo de pacientes, la exploración física y la imagen convencional no son suficientes para tomar decisiones terapéuticas sólidas, y que el quirófano puede, y debe, ser también un espacio diagnóstico.

No defiendo la artroscopia sistemática en todo esguince de tobillo, sería un exceso injustificado y costoso. Pero sí defiendo bajar el umbral de sospecha en aquellos pacientes con evolución tórpida, y considerar la artroscopia de tobillo como el siguiente paso lógico cuando la clínica y la imagen no terminan de cuadrar. En mi experiencia, ese cambio de umbral ha evitado más de un fracaso terapéutico y, sobre todo, ha devuelto confianza funcional a pacientes que llevaban meses sin respuestas claras.