
La rodilla varo del paciente joven y activo plantea un dilema frecuente en la consulta de traumatología: existe dolor en el compartimento medial, a menudo con una lesión meniscal o condral asociada, pero el paciente es demasiado joven para una artroplastia. En estos casos, la combinación de osteotomía tibial y artroscopia se ha consolidado como una estrategia razonable cuando se aplica con criterio y a la indicación correcta.
El concepto de la rodilla varo en el paciente joven
El varo de rodilla desplaza la carga hacia el compartimento medial, acelerando el desgaste del cartílago y del menisco en esa zona. Cuando este desequilibrio de eje coincide con una lesión meniscal degenerativa o una condropatía focal, tratar solo la lesión articular sin corregir el eje suele abocar a la recidiva de síntomas en pocos años. Por eso, en pacientes jóvenes con demanda funcional alta, la valoración del eje mecánico mediante radiografía en carga de miembro completo es un paso obligado antes de plantear cualquier gesto artroscópico aislado.
Por qué combinar osteotomía y artroscopia
La osteotomía tibial alta, habitualmente de apertura medial, corrige el eje y descarga el compartimento afectado, pero no resuelve por sí sola una lesión meniscal irreparable, un cuerpo libre o una lesión condral sintomática. La artroscopia, en cambio, permite valorar directamente el estado del cartílago y el menisco, realizar meniscectomías parciales, reparaciones meniscales o técnicas de estimulación medular cuando estén indicadas, en el mismo acto quirúrgico o en tiempos próximos según el protocolo del equipo.
Esta combinación no es una moda reciente, pero en los últimos años se ha refinado la secuencia y la selección de pacientes, apoyándose en una planificación preoperatória más precisa del ángulo de corrección y en técnicas artroscópicas menos agresivas con el tejido meniscal remanente.
Indicaciones y selección del paciente
No todo varo con dolor medial es candidato a este abordaje combinado. La indicación clásica es el paciente por debajo de los cincuenta o cincuenta y cinco años, con varo constitucional o postraumático, dolor localizado en el compartimento medial, y hallazgos de imagen compatibles con desgaste condral incipiente o moderado, sin llegar a una artrosis avanzada tricompartimental. La presencia de una lesión meniscal reparable o de una lesión osteocondral focal refuerza la indicación de combinar ambos gestos.
Es importante advertir que la osteotomía no está pensada para "curar" una artrosis avanzada, sino para modificar la biomecánica y ganar tiempo funcional, retrasando de forma razonable la necesidad de una prótesis. Esta expectativa debe explicarse con claridad al paciente desde la primera consulta.
Puntos clave antes de indicar la cirugía combinada
- Confirmar el eje mecánico con radiografía en carga de miembro completo, no solo con proyecciones estándar.
- Descartar artrosis avanzada del compartimento lateral o femororrotuliano que contraindique la sobrecarga tras la corrección.
- Valorar el estado meniscal y condral mediante resonancia magnética, priorizando técnicas reparadoras sobre resecciones amplias cuando sea posible.
- Establecer con el paciente expectativas realistas sobre el objetivo funcional y los plazos de recuperación.
- Planificar la secuencia quirúrgica (artroscopia primero, osteotomía después, o ambas en el mismo acto) según la experiencia del equipo y los hallazgos intraarticulares esperados.
Técnica y secuencia quirúrgica
En la mayoría de los equipos, la exploración artroscópica se realiza al inicio del procedimiento, antes de la osteotomía, ya que permite confirmar el estado real del cartílago y del menisco y decidir si el gesto reparador previsto sigue siendo válido. Tras completar los gestos intraarticulares necesarios, se procede a la osteotomía tibial, habitualmente de apertura medial con placa de fijación estable, calculando el grado de corrección según la planificación preoperatoria realizada sobre las radiografías en carga.
La secuencia inversa, osteotomía primero y artroscopia diferida en un segundo tiempo, también se emplea en algunos centros, especialmente cuando se prioriza minimizar el tiempo quirúrgico total o cuando la lesión intraarticular es incierta hasta valorar la evolución clínica tras la corrección del eje.
«En la rodilla varo del paciente joven, el eje y el cartílago no se tratan por separado: corregir uno sin atender al otro suele significar volver a operar antes de lo previsto.»
Rehabilitación y expectativas a medio plazo
La rehabilitación tras la cirugía combinada suele ser más exigente que la de una artroscopia aislada, ya que debe respetar los tiempos de consolidación ósea de la osteotomía sin comprometer la recuperación del rango articular ganado con el gesto intraarticular. La carga progresiva se ajusta según el tipo de fijación y la estabilidad observada en los controles radiográficos, y la reincorporación a actividades deportivas de impacto suele plantearse de forma gradual, evitando prisas que comprometan el resultado del eje corregido.
La mayoría de las series publicadas describen una mejoría funcional sostenida en el paciente bien seleccionado, aunque conviene ser cauto: los resultados dependen en gran medida del grado de desgaste condral preexistente y de la adherencia del paciente al programa de rehabilitación. Para quienes deseen profundizar en las técnicas artroscópicas asociadas a este abordaje, recomendamos revisar la sección de artroscopia de rodilla de esta revista, donde se abordan de forma específica los gestos intraarticulares más habituales en este contexto.
En definitiva, la combinación de osteotomía y artroscopia sigue siendo, en 2026, una herramienta vigente y valiosa en el arsenal del cirujano ortopédico que atiende al paciente joven con rodilla varo sintomática, siempre que la indicación se sostenga en una valoración biomecánica rigurosa y en expectativas compartidas con el paciente desde el inicio.