
La rizartrosis, u osteoartrosis de la articulación trapeciometacarpiana (TMC), es una de las causas más frecuentes de dolor e incapacidad funcional en la base del pulgar, especialmente en mujeres de más de 50 años. Durante décadas, el tratamiento quirúrgico de referencia ha sido la trapeciectomía, con o sin ligamentoplastia de suspensión, además de técnicas de artrodesis o artroplastia protésica en casos seleccionados. Sin embargo, en los últimos años la artroscopia ha ganado terreno como herramienta diagnóstica y terapéutica en estadios iniciales e intermedios de la enfermedad.
Por qué la artroscopia gana protagonismo en la rizartrosis
El interés creciente por la artroscopia trapeciometacarpiana responde a varios factores convergentes. Por un lado, la mejora en la instrumentación de pequeño calibre y las ópticas de alta definición permiten explorar articulaciones tan reducidas como la TMC con precisión aceptable. Por otro, existe una demanda clínica clara: pacientes activos, laboralmente exigentes, que buscan procedimientos con menor agresión tisular y recuperación más rápida que la trapeciectomía clásica.
La artroscopia permite valorar directamente el estado del cartílago articular, la sinovial y los ligamentos estabilizadores, aportando información que la radiología convencional o incluso la resonancia magnética no siempre reflejan con exactitud. Esto ha llevado a replantear la clasificación clínica de Eaton y Littler bajo una óptica artroscópica, distinguiendo grados de afectación condral que condicionan directamente la indicación terapéutica.
Indicaciones emergentes: dónde encaja realmente la técnica
El consenso actual, recogido en publicaciones especializadas de los últimos años, sitúa la artroscopia trapeciometacarpiana como opción preferente en estadios I y II de Eaton, donde el cartílago conserva viabilidad parcial. En estos casos, procedimientos como el desbridamiento sinovial, la resección parcial del ligamento dorsorradial inestable o la termocoagulación de la cápsula pueden aliviar el dolor y retrasar la progresión degenerativa sin comprometer la biomecánica articular.
En estadios III, algunos grupos han desarrollado técnicas de hemitrapeciectomía artroscópica asistida, combinando resección parcial del trapecio con interposición de tejido blando, todo ello a través de portales mínimos. Los resultados publicados muestran tasas de satisfacción comparables a la cirugía abierta en seguimientos a medio plazo, con la ventaja de una cicatriz mínima y menor rigidez postoperatoria.
También se ha explorado la artroscopia como complemento diagnóstico previo a la colocación de prótesis TMC, permitiendo confirmar la integridad de las superficies articulares adyacentes antes de decidir el tipo de implante.
Puntos clave para la práctica clínica
- La artroscopia TMC es más útil en estadios precoces (Eaton I-II), donde preserva estructuras y retrasa la progresión.
- Permite una valoración condral directa, más fiable que la imagen preoperatoria en muchos casos.
- La hemitrapeciectomía artroscópica es una opción emergente en estadios III, aún en fase de consolidación de evidencia.
- Requiere curva de aprendizaje específica: la anatomía de la TMC exige portales precisos y material de fino calibre.
- No sustituye a la trapeciectomía abierta como estándar en estadios avanzados con colapso articular severo.
Limitaciones y cautelas antes de generalizar la indicación
Pese al entusiasmo, es importante mantener el rigor clínico. La evidencia disponible procede en su mayoría de series de casos y estudios prospectivos con seguimientos limitados, no de ensayos aleatorizados de gran tamaño. La reproducibilidad de la técnica depende en gran medida de la experiencia del cirujano en artroscopia de muñeca, dado que los portales trapeciometacarpianos son exigentes y el margen de error, mínimo, por la proximidad de estructuras neurovasculares como la rama sensitiva del radial y la arteria radial superficial.
Asimismo, la selección adecuada del paciente sigue siendo el factor determinante del éxito. La artroscopia no está indicada en pacientes con deformidad severa en zeta del pulgar, subluxación TMC avanzada o afectación multiarticular extensa, donde la reconstrucción abierta ofrece mayor estabilidad estructural.
«La artroscopia trapeciometacarpiana no compite con la trapeciectomía: la complementa, ofreciendo una ventana terapéutica en fases donde antes solo cabía esperar a que la enfermedad progresara»
Perspectivas hacia 2026 y años venideros
El desarrollo de instrumentación aún más miniaturizada, junto con la incorporación de biomateriales para interposición artroscópica y la posible integración de técnicas regenerativas intraarticulares, apunta a una consolidación progresiva de esta técnica. Los próximos años serán decisivos para definir, con estudios comparativos robustos, si la artroscopia trapeciometacarpiana logra establecerse como estándar en fases iniciales de la rizartrosis o permanece como una alternativa selectiva para centros con experiencia consolidada en cirugía artroscópica de mano y muñeca.