
La rizartrosis, o artrosis de la articulación trapeciometacarpiana del pulgar, sigue siendo una de las causas más frecuentes de dolor e incapacidad funcional en la mano, especialmente en mujeres a partir de la quinta década de vida. Durante décadas, el arsenal terapéutico quirúrgico se ha movido entre la trapeziectomía con o sin suspensión ligamentosa y los procedimientos de artrodesis. La artroscopia trapeciometacarpiana, aunque descrita desde finales del siglo pasado, ha tardado en encontrar su lugar definitivo en los algoritmos de tratamiento. En 2026, esa posición parece consolidarse, aunque con matices importantes que conviene revisar con rigor.
Por qué la artroscopia gana terreno en estadios iniciales
El interés renovado por la técnica artroscópica en la rizartrosis responde a una necesidad clínica real: existe un grupo de pacientes, generalmente con enfermedad en estadio I o II de la clasificación de Eaton-Littler, en los que el tratamiento conservador ha fracasado pero en los que una trapeziectomía resulta un procedimiento excesivo. En estos casos, la artroscopia permite una valoración directa del cartílago articular, la sinovial y la estabilidad ligamentosa, con una agresión quirúrgica mínima.
Las técnicas que más se están empleando en este contexto incluyen la sinovectomía artroscópica, el desbridamiento articular, la resección parcial de trapecio (hemitrapeziectomía artroscópica) y procedimientos combinados con interposición de tejidos blandos o estabilización ligamentosa. La elección depende del grado de degeneración observado intraoperatoriamente, que en ocasiones difiere de lo esperado por las pruebas de imagen preoperatorias.
Indicaciones que están emergiendo con mayor solidez
Más allá de los estadios iniciales clásicos, hay situaciones concretas donde la evidencia clínica y la experiencia acumulada en los últimos años apuntan a un papel creciente de la artroscopia:
La inestabilidad trapeciometacarpiana dolorosa sin cambios degenerativos avanzados es quizás el escenario donde la artroscopia aporta más valor diferencial, al permitir una reconstrucción ligamentosa guiada por visión directa. También se está empleando con criterio en pacientes jóvenes y activos que rechazan procedimientos que impliquen sacrificar el trapecio, así como en el diagnóstico diferencial de dolor persistente tras cirugías previas de la base del pulgar, donde la exploración artroscópica puede identificar causas no detectadas por resonancia magnética.
Un área de desarrollo más reciente es la combinación de artroscopia con técnicas mínimamente invasivas de interposición, buscando preservar altura articular y función sin recurrir a la resección completa del trapecio, aunque los resultados a largo plazo de estas variantes todavía requieren series más amplias y seguimiento prolongado antes de generalizar su indicación.
Puntos clave para la práctica clínica
- La artroscopia trapeciometacarpiana es más útil en estadios iniciales e intermedios de rizartrosis, no como sustituto universal de la trapeziectomía en enfermedad avanzada.
- Permite una valoración diagnóstica directa del cartílago y la sinovial que complementa, y en ocasiones corrige, los hallazgos de imagen.
- La inestabilidad trapeciometacarpiana dolorosa es una indicación con creciente respaldo clínico.
- Requiere una curva de aprendizaje específica y un correcto manejo del espacio articular, reducido en comparación con otras articulaciones de la mano.
- La selección cuidadosa del paciente sigue siendo el factor determinante del resultado funcional.
Limitaciones que no conviene minimizar
Es importante no caer en el entusiasmo técnico sin matices. La articulación trapeciometacarpiana es pequeña y su abordaje artroscópico exige instrumental específico y experiencia previa en artroscopia de muñeca, lo que limita su disponibilidad fuera de centros con dedicación particular a la cirugía de mano. Además, en estadios avanzados de rizartrosis, con pérdida significativa del espacio articular y osteofitos voluminosos, la artroscopia pierde utilidad frente a las técnicas abiertas clásicas, que siguen siendo el estándar de referencia en esa población.
Tampoco existe todavía un consenso uniforme sobre los criterios exactos de selección de pacientes, ni series comparativas a largo plazo que permitan establecer con precisión la superioridad de la artroscopia frente a alternativas abiertas mínimamente invasivas en todos los escenarios propuestos. La mayoría de series publicadas son de tamaño moderado y proceden de grupos con alta especialización, lo que introduce un sesgo que debe tenerse presente al trasladar estos resultados a la práctica general.
«La artroscopia trapeciometacarpiana no busca reemplazar la trapeziectomía, sino ofrecer una alternativa razonada en el paciente adecuado y en el momento adecuado de la enfermedad.»
Perspectivas para los próximos años
El desarrollo de instrumental miniaturizado y la mejora en las técnicas de anestesia regional para cirugía ambulatoria de mano están facilitando la expansión de estos procedimientos. Es previsible que en los próximos congresos de cirugía de mano se presenten series con seguimientos más largos que ayuden a definir mejor qué pacientes se benefician realmente de un abordaje artroscópico frente a uno abierto. Mientras tanto, la recomendación prudente sigue siendo individualizar la indicación según el estadio radiológico, la edad, la demanda funcional del paciente y, de forma determinante, la experiencia del cirujano en este tipo de procedimientos.
Para quienes se inician en este campo o desean profundizar en los fundamentos técnicos de estos abordajes, recomendamos revisar nuestra sección dedicada a la artroscopia de muñeca, donde se abordan con detalle los aspectos técnicos comunes a estos procedimientos en la región carpiana y la base del pulgar.