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Artroscopia de muñeca

Rizartrosis y artroscopia trapeciometacarpiana: indicaciones emergentes 2026

La artroscopia de la articulación trapeciometacarpiana ha pasado de ser una curiosidad técnica a ocupar un lugar concreto, aunque todavía delimitado, en el arsenal terapéutico de la rizartrosis.

Publicado: 20 Sep 2026 · Dr. Enrique Galindo Martens

Rizartrosis y artroscopia trapeciometacarpiana: indicaciones emergentes 2026

La rizartrosis, la artrosis de la articulación trapeciometacarpiana (TMC), continúa siendo uno de los motivos de consulta más frecuentes en cirugía de mano, especialmente en mujeres a partir de la quinta década de vida. Durante años, el tratamiento quirúrgico se ha movido entre la trapeziectomía con o sin suspensión ligamentosa, las artroplastias protésicas y las osteotomías. La artroscopia, en cambio, ha tardado en encontrar su sitio, en parte por el reducido espacio articular de la TMC y en parte por la falta de series amplias que respaldaran su uso sistemático.

En los últimos años, sin embargo, el desarrollo de instrumental de pequeño calibre y la mejora en la visualización óptica han permitido consolidar un abanico de indicaciones más preciso. No se trata de sustituir a las técnicas clásicas en todos los estadios, sino de identificar qué pacientes se benefician realmente de un abordaje mínimamente invasivo.

Del diagnóstico a la terapéutica: qué aporta la artroscopia

La artroscopia TMC permite una valoración directa del cartílago, la sinovial y los ligamentos estabilizadores (fundamentalmente el ligamento intermetacarpiano dorsal y el complejo palmar) que ninguna prueba de imagen reproduce con la misma fidelidad. Esto es especialmente relevante en fases iniciales de la enfermedad, donde la radiología convencional puede infraestimar el grado real de degeneración condral o, al contrario, sugerir cambios artrósicos que no se correlacionan con hallazgos intraarticulares significativos.

Desde el punto de vista terapéutico, la artroscopia ofrece varias opciones según el estadio de Eaton-Littler:

Indicaciones actuales según estadio

  • Estadios I-II: sinovectomía artroscópica, desbridamiento condral y, en casos seleccionados, reconstrucción o reforzamiento del ligamento dorsal para pacientes con inestabilidad sintomática sin colapso articular significativo.
  • Estadio II-III inicial: hemitrapeziectomía artroscópica asistida, con o sin interposición de tejido, en pacientes jóvenes o con demanda funcional alta que desean preservar en lo posible la altura del espacio articular.
  • Casos con dolor desproporcionado a la imagen: valoración diagnóstica artroscópica antes de decidir un gesto más agresivo, especialmente cuando se sospecha patología sinovial o cuerpos libres no visibles en resonancia.
  • Fracasos parciales de tratamiento conservador: como paso intermedio antes de plantear una trapeziectomía completa, sobre todo en pacientes que priorizan una recuperación funcional más rápida.

Técnica y portales: aspectos prácticos

El abordaje habitual emplea dos o tres portales (1-R, 1-U y, ocasionalmente, un portal accesorio dorsal), con tracción digital suave para distraer la articulación. La escala de visualización es pequeña, lo que exige una curva de aprendizaje específica y material óptico adaptado (ópticas de 1,9 mm suelen ser las más utilizadas en esta localización). El riesgo de lesión de estructuras neurovasculares superficiales, en particular ramas del nervio radial superficial y de la arteria radial, obliga a una disección roma cuidadosa antes de introducir los trocares.

La sinovectomía y el desbridamiento son procedimientos relativamente reproducibles una vez superada la curva de aprendizaje. La hemitrapeziectomía artroscópica, en cambio, requiere mayor destreza y suele reservarse a cirujanos con experiencia consolidada en artroscopia de muñeca y mano, dado que la resección ósea controlada por vía artroscópica exige un control visual constante para evitar una resección insuficiente o excesiva.

«La artroscopia no compite con la trapeziectomía clásica en los estadios avanzados, pero abre una ventana terapéutica en pacientes que antes solo tenían la opción de esperar o de someterse a una cirugía más extensa de lo que su enfermedad, en ese momento, justificaba.»

Evidencia disponible y limitaciones

La literatura sobre artroscopia TMC ha crecido de forma sostenida, aunque sigue estando compuesta mayoritariamente por series de casos y estudios retrospectivos de un solo centro, con seguimientos que en muchas ocasiones no superan los pocos años. La mayoría de series describe mejoría clínica y funcional en pacientes con estadios iniciales, pero la ausencia de ensayos aleatorizados comparativos con la trapeziectomía abierta impide todavía establecer recomendaciones de primer nivel. Esto no invalida la técnica, pero sí obliga a una selección de pacientes cuidadosa y a una información preoperatoria honesta sobre el nivel de evidencia disponible.

Otro aspecto relevante es que los resultados dependen en gran medida de la experiencia del cirujano y del centro. Como ocurre con otras técnicas artroscópicas de introducción reciente en la mano y la muñeca, la curva de aprendizaje influye directamente en la tasa de complicaciones y en la duración del procedimiento, algo que debe tenerse en cuenta al valorar series publicadas por grupos con alto volumen frente a la práctica general.

Perspectivas para 2026 y años próximos

El interés creciente por preservar la biomecánica articular en pacientes jóvenes y activos, junto con la mejora continua del instrumental de pequeño calibre, sugiere que las indicaciones de la artroscopia TMC seguirán ampliándose de forma prudente. Es probable que veamos en los próximos años un mayor número de estudios comparativos y, con suerte, series con seguimientos más largos que permitan definir mejor el papel de esta técnica frente a las opciones quirúrgicas clásicas.

Para quienes deseen profundizar en los fundamentos técnicos de estos abordajes, en nuestra sección de artroscopia de muñeca recopilamos revisiones específicas sobre portales, instrumental y manejo de complicaciones aplicables también a la articulación trapeciometacarpiana.

En definitiva, la artroscopia trapeciometacarpiana no pretende reemplazar el arsenal terapéutico consolidado de la rizartrosis, sino complementarlo con una herramienta diagnóstica y terapéutica de bajo impacto para el subgrupo de pacientes en estadios iniciales o con hallazgos clínicos que la imagen convencional no termina de explicar. Su consolidación definitiva dependerá, como en tantas otras técnicas, de que la evidencia científica acompañe al entusiasmo técnico que actualmente rodea a este procedimiento.