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Artroscopia seca de muñeca: cuándo y por qué prescindir del suero

Trabajar sin irrigación continua dejó de ser una excentricidad para convertirse en el estándar de muchos cirujanos de muñeca. Campo sin edema, cirugía combinada sin extravasación y anatomía que no se hincha: esto es lo que aporta la técnica seca.

Publicado: 22 Jun 2026 · Dr. Enrique Galindo Martens

Artroscopia seca de muñeca: cuándo y por qué prescindir del suero

La artroscopia nació ligada al suero: la irrigación distiende la articulación, lava el campo y mejora la visión al arrastrar restos hemáticos. Pero la muñeca es una articulación pequeña, superficial y rodeada de compartimentos poco complacientes con la extravasación, y en ella el líquido cobra un precio que otras articulaciones más grandes toleran mejor: edema de partes blandas que dificulta los gestos abiertos combinados, infiltración de los planos tisulares en las fracturas y pérdida progresiva de referencias anatómicas conforme avanza la cirugía. La técnica seca (trabajar con la articulación distendida por aire ambiente, usando el suero solo en lavados puntuales) resuelve buena parte de estos problemas sin renunciar a la calidad de la visión, y en mi práctica se ha convertido en el estándar para una parte significativa de los procedimientos de muñeca.

Cómo funciona: los cuatro gestos que la hacen posible

La técnica seca no es simplemente cerrar la llave del suero. Requiere una sistemática propia que hay que interiorizar de forma deliberada: mantener abierta la llave del artroscopio para que entre aire y la articulación no se colapse sobre la óptica; aspirar con el sinoviotomo a intervalos, y no de forma continua, para no succionar la cápsula contra la lente y perder la imagen; lavar brevemente con una jeringa cuando la sangre o los restos de tejido enturbian el campo, aspirando después el líquido introducido; y limpiar la lente empañada apoyándola con suavidad sobre partes blandas o mediante lavados cortos y puntuales. Con estos cuatro gestos interiorizados hasta hacerse automáticos, la visión resulta comparable a la de la técnica húmeda y la anatomía permanece intacta de principio a fin, sin la distorsión que introduce el edema progresivo.

Cuándo aporta más la técnica seca

  • Fracturas articulares: sin extravasación hacia el antebrazo ni edema que dificulte la fijación; es su indicación estrella.
  • Cirugía combinada artroscópica-abierta: los planos quirúrgicos no se infiltran y la disección abierta posterior es anatómica.
  • Artrodesis parciales y perilunares: procedimientos largos donde el edema acumulado penaliza.
  • Uso de biomateriales e injertos: el campo seco evita que el suero los desplace o diluya.
  • Radiofrecuencia y fresado amplio: mejor con irrigación; el calor y el humo son las limitaciones clásicas del campo seco.

Seca, húmeda o híbrida: un falso dilema

La pregunta no es qué técnica es superior en abstracto, sino cuál conviene a cada procedimiento y a cada momento concreto de la cirugía. Muchos cirujanos trabajamos hoy en modo híbrido: seco para la evaluación diagnóstica y los gestos óseos, lavados intermitentes para mantener el campo limpio, e irrigación franca si se emplea radiofrecuencia (el calor sin flujo suficiente puede lesionar el cartílago adyacente) o si el sangrado persiste pese a la hemostasia. En la cirugía asistida de las fracturas, que revisamos en detalle en el artículo sobre artroscopia en fracturas de radio distal, el campo seco es especialmente ventajoso: permite osteosíntesis y control articular simultáneo sin que el antebrazo se convierta en una esponja que dificulte la reducción y la fijación.

«El suero no es un requisito de la artroscopia: es una herramienta. En la muñeca, la mejor irrigación es la que se usa solo cuando hace falta.»

Seguridad y curva de aprendizaje

La técnica seca es segura si se respetan sus reglas: nunca insuflar aire a presión positiva, mantener la aspiración intermitente en lugar de continua y vigilar la temperatura si se emplean instrumentos motorizados durante periodos prolongados, porque sin el efecto refrigerante del suero el calor generado por la fresa puede acumularse. La curva de aprendizaje es corta para quien ya domina la artroscopia húmeda de muñeca; el consejo clásico, y el que sigo dando a los residentes que roto conmigo, es empezar por procedimientos diagnósticos y desbridamientos sencillos antes de abordar reconstrucciones complejas en seco. Para la enfermería instrumentista el cambio también es relevante (menos dependencia de la torre de irrigación, más gasas y jeringas de lavado a mano), y conviene protocolizarlo con el equipo antes de la primera cirugía, no improvisarlo sobre la marcha. Los fundamentos generales de montaje, tracción y portales los tienes en la guía de artroscopia de muñeca.

Limitaciones que conviene reconocer

La técnica seca tiene también sus límites, y es honesto reconocerlos. El sangrado activo persistente, frecuente en sinovitis inflamatorias o en revisiones sobre tejido cicatricial, obliga con frecuencia a convertir a irrigación continua porque el campo seco no consigue mantener una visión útil. Los procedimientos que requieren fresado amplio y prolongado, como algunas artrodesis parciales extensas, generan calor y detritos que el aire por sí solo no evacúa con la misma eficacia que el flujo continuo de suero. Reconocer a tiempo cuándo la técnica seca ha dejado de ser la opción correcta, y convertir sin reparos a irrigación, es tan parte de dominar esta técnica como saber ejecutarla.

Conclusión

La artroscopia seca no es una moda pasajera: es la adaptación lógica de la técnica a una articulación pequeña y superficial donde el líquido molesta más de lo que ayuda en determinados procedimientos. Fracturas, cirugía combinada y procedimientos reconstructivos largos son su territorio natural, sin que eso signifique abandonar la irrigación cuando la situación clínica lo exige. Dominarla amplía el repertorio del cirujano de muñeca y, en muchos casos, simplifica de verdad la cirugía.