
Alrededor de uno de cada cinco esguinces laterales de tobillo evoluciona hacia una inestabilidad crónica sintomática. Cuando fracasa un programa serio de rehabilitación propioceptiva y peroneal (y solo entonces), la reparación anatómica del ligamento peroneoastragalino anterior (LPAA) es la cirugía de elección. La versión artroscópica del Broström, con anclajes en el margen anteroinferior del peroné, ha demostrado resultados equiparables a la técnica abierta con la ventaja añadida de tratar en el mismo acto la patología intraarticular acompañante, tan frecuente en estos tobillos. Es hoy una de las intervenciones de mayor crecimiento dentro de la artroscopia de tobillo.
Selección del paciente: dónde el Broström sí y dónde no
El candidato ideal presenta inestabilidad mecánica documentada (cajón anterior y talar tilt positivos, confirmados con ecografía dinámica o radiografías de estrés), remanente ligamentoso de calidad y morfotipo neutro. Conviene ser prudente (o elegir directamente una reconstrucción anatómica con injerto o un refuerzo con cinta de sutura) ante hiperlaxitud generalizada, retropié varo no corregido, obesidad importante, deportistas de contacto de alto peso o cirugía previa fallida. Operar la inestabilidad sin corregir el varo del retropié es sembrar la recidiva.
Técnica quirúrgica: los pasos críticos
Con portales anteromedial y anterolateral estándar se realiza primero una revisión articular completa: sinovitis lateral, cicatrices del ligamento, lesiones del cartílago y cuerpos libres. La gotiera lateral se desbrida hasta exponer el footprint del LPAA en el peroné. Se colocan uno o dos anclajes en el margen anteroinferior peroneo y las suturas capturan el complejo capsuloligamentoso, anudándose con el tobillo en dorsiflexión neutra y ligera eversión. El refuerzo con el retináculo extensor inferior (modificación de Gould) o con cinta de alta resistencia se reserva para tejidos dudosos o demandas altas.
Errores que condenan un Broström artroscópico
- Ignorar la lesión asociada: hasta dos tercios de estos tobillos tienen patología intraarticular tratable.
- Anclajes altos o posteriores: la reparación no anatómica limita la movilidad o no estabiliza.
- Anudar en flexión plantar: deja el ligamento largo y el cajón, positivo.
- No explorar los peroneos: su patología acompaña con frecuencia a la inestabilidad crónica.
- Retorno deportivo precoz sin criterios funcionales: el tiempo no es el único requisito.
«La inestabilidad crónica de tobillo casi nunca viaja sola: operar el ligamento e ignorar el resto de la articulación es hacer media cirugía.»
Lesiones asociadas: la ventaja real de la vía artroscópica
La exploración artroscópica sistemática detecta pinzamiento anterolateral de partes blandas, osteofitos y lesiones del cartílago que la cirugía abierta aislada pasa por alto. Las lesiones osteocondrales del astrágalo merecen mención especial: su presencia cambia el postoperatorio y el pronóstico, y su manejo tiene algoritmo propio, que detallamos en el artículo sobre lesiones osteocondrales del astrágalo. Tratarlas en el mismo acto es la norma, no la excepción.
Postoperatorio y retorno deportivo
La tendencia en 2026 es claramente acelerada: inmovilización corta (una a dos semanas), carga protegida precoz con bota, trabajo propioceptivo desde la cuarta semana y retorno deportivo entre los tres y los cuatro meses guiado por criterios funcionales (fuerza eversora simétrica, equilibrio monopodal, test de salto). Las series contemporáneas comunican tasas de recidiva bajas y resultados funcionales altos mantenidos a medio plazo, con las disestesias del nervio peroneo superficial como complicación menor más repetida. La reparación es sólida; el resultado final lo decide, como casi siempre, la rehabilitación.