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Complicaciones de la artroscopia de rodilla y cómo prevenirlas

La artroscopia de rodilla es una cirugía segura, pero no inocua: trombosis, infección y artrofibrosis existen y casi siempre avisan. Conocerlas y protocolizar su prevención es parte de la técnica.

Publicado: 24 Jun 2026 · Dr. Enrique Galindo Martens

Complicaciones de la artroscopia de rodilla y cómo prevenirlas

La baja tasa global de complicaciones de la artroscopia de rodilla (claramente inferior a la de la cirugía abierta equivalente) es precisamente su mayor riesgo: la percepción de cirugía «menor» relaja protocolos que en otras intervenciones nadie discutiría. Llevo suficientes años operando rodillas por vía artroscópica para tener una convicción firme: la mayoría de eventos adversos graves son prevenibles, y su prevención descansa en gestos sistemáticos y protocolizados, no en la habilidad excepcional de un cirujano concreto. Este artículo recoge las complicaciones que de verdad importan en la práctica diaria y cómo anticiparlas antes de que aparezcan en el postoperatorio.

Trombosis venosa: la complicación seria más frecuente

La enfermedad tromboembólica venosa sigue siendo la complicación relevante más habitual tras artroscopia de rodilla, con mayor riesgo cuando se asocian isquemia prolongada, inmovilización o descarga postoperatoria y factores propios del paciente: antecedente trombótico personal o familiar, trombofilia conocida, anticonceptivos hormonales, obesidad, edad avanzada o cirugía de mayor duración. La profilaxis farmacológica universal no está justificada en la artroscopia simple con carga inmediata, pero la estratificación individual sí debe ser sistemática, quedar documentada y repetirse en cada procedimiento. En mi práctica reservo la profilaxis farmacológica para pacientes con factores de riesgo acumulados, procedimientos prolongados o reconstrucciones ligamentosas con inmovilización relativa, y me apoyo en la movilización precoz como primera línea preventiva en el resto. El bombeo activo de tobillo desde el mismo día de la cirugía y las instrucciones escritas de signos de alarma (dolor de pantorrilla, edema asimétrico, disnea brusca) completan la prevención básica. La embolia pulmonar es infrecuente, pero puede ser la complicación más grave de toda la cirugía, y eso justifica no relajar nunca este apartado.

Infección y artritis séptica: rara pero devastadora

La artritis séptica postartroscópica es infrecuente, con mayor incidencia en procedimientos con implantes, anclajes e injertos que en gestos simples de menisco o cartílago. Su prevención empieza en la selección del paciente (control glucémico estricto en diabéticos, cese del tabaquismo si es posible, ausencia de lesiones cutáneas activas en la zona quirúrgica), continúa en el quirófano (profilaxis antibiótica en la ventana correcta cuando está indicada, disciplina de asepsia sin atajos, control del tráfico de personas) y termina en un diagnóstico precoz sin complacencias. Dolor desproporcionado y creciente, derrame a tensión que no cede y fiebre tras el intervalo libre habitual obligan a artrocentesis urgente con recuento celular y cultivo, no a una actitud expectante. Ante sospecha razonable, mi umbral para reintervenir y lavar la articulación por vía artroscópica es bajo: retrasar el desbridamiento por esperar confirmación microbiológica compromete el cartílago y el resultado funcional final. El papel del equipo de enfermería en esta cadena, desde el checklist hasta la educación del paciente al alta, se desarrolla en nuestra guía de enfermería en la artroscopia de rodilla.

Complicaciones intraarticulares y de la técnica

Hay un grupo de complicaciones que dependen menos del paciente y más de la ejecución técnica y del material. La rotura de instrumental dentro de la articulación (puntas de shaver, fragmentos de aguja, restos de sutura) es infrecuente pero exige protocolo: revisión del material antes y después de cada uso, y localización y extracción inmediatas si se produce. La condrólisis por bombas de irrigación mal reguladas, con presiones excesivas mantenidas durante procedimientos largos, se controla vigilando presión y flujo durante toda la cirugía, no solo al inicio. La extravasación masiva de líquido hacia partes blandas es rara en rodilla, pero puede favorecer un síndrome compartimental en procedimientos prolongados con isquemia, y hay que reconocerla si la pierna se tensa de forma anómala. La lesión neurovascular directa es poco frecuente pero real: la rama infrapatelar del safeno está expuesta en el portal anteromedial y en las suturas meniscales mediales, y el paquete poplíteo queda cerca en los gestos posteriores (raíces meniscales, cuernos posteriores, sinovectomías extensas), lo que exige conocer la anatomía de seguridad de cada portal.

Prevención sistemática: los gestos que no se negocian

  • Checklist quirúrgico completo con verificación de paciente, lado y procedimiento antes de la incisión.
  • Estratificación documentada del riesgo trombótico y profilaxis individualizada, no universal ni improvisada.
  • Isquemia con presión y tiempo controlados, o cirugía sin isquemia cuando sea técnicamente viable.
  • Movilización y carga precoces salvo que la reparación quirúrgica exija lo contrario.
  • Revisión del instrumental antes y después de cada uso: las roturas intraarticulares avisan poco.
  • Instrucciones de alarma por escrito y circuito de contacto directo con el equipo en el postoperatorio inmediato.
«Ninguna complicación de la artroscopia es tan frecuente como la tentación de considerarla una cirugía sin complicaciones.»

Artrofibrosis y rigidez postoperatoria

La artrofibrosis y el déficit de extensión aparecen sobre todo tras reconstrucciones ligamentosas operadas en rodillas aún inflamadas, con derrame activo o con movilidad incompleta en el momento de la cirugía, y se ven favorecidas por una rehabilitación tímida en las primeras semanas. Operar con la rodilla «fría», es decir, con la inflamación aguda resuelta y el rango de movilidad recuperado antes de indicar la reconstrucción, y priorizar la extensión completa desde el primer día de fisioterapia siguen siendo, en mi experiencia, las mejores medidas preventivas disponibles. Cuando la rigidez ya está establecida, la manipulación bajo anestesia o la artrolisis artroscópica pueden ser necesarias, pero conviene agotar antes un periodo razonable de fisioterapia dirigida, porque muchas rigideces tempranas responden bien sin necesidad de una nueva cirugía. Las suturas meniscales tienen además su propio mapa de riesgos según la técnica empleada, que repasamos en el artículo de reparación meniscal all-inside.

Conclusión: una cultura de registro, no de excepciones

Registrar las complicaciones propias con honestidad, revisarlas en sesión clínica y traducir lo aprendido en cambios reales de protocolo es lo que diferencia a las unidades que mejoran de las que simplemente repiten. No sirve de nada archivar un evento adverso sin discutir qué falló en la cadena de decisiones, desde la indicación hasta el alta. La artroscopia de rodilla seguirá siendo una cirugía segura mientras el equipo la trate como lo que es: una cirugía con sus propios riesgos, que merece el mismo rigor que cualquier otra.