
La artroscopia de hombro es, de todas las articulaciones, la que más pone a prueba al equipo de enfermería: se trabaja en un espacio virtual mantenido por presión de agua, con consumos de suero que pueden superar los 15-20 litros en una reparación compleja, y con un riesgo específico (la extravasación de fluido a partes blandas) que exige vigilancia continua. Instrumentista y circulante no son espectadores del procedimiento: son quienes sostienen las condiciones que permiten ver y trabajar.
Montaje de la torre y comprobaciones previas
Antes de la inducción anestésica, la torre debe estar operativa: cámara con balance de blancos hecho, fuente de luz probada, bomba purgada con el sistema de irrigación conectado, sinoviotomo y radiofrecuencia comprobados y pedales situados donde el cirujano los quiere. La disposición del quirófano cambia según se opere en sedestación o en lateral, con las implicaciones que revisamos en silla de playa o decúbito lateral. Un estándar útil: lista de verificación propia de artroscopia añadida al checklist quirúrgico general, siempre en el mismo orden, para que el montaje no dependa de la memoria de cada profesional.
La bomba: presión, flujo y sus trampas
La bomba de presión controlada es el corazón del procedimiento. En hombro se trabaja habitualmente con presiones de 30-60 mmHg, ajustadas al momento quirúrgico: presiones más bajas de inicio, subidas puntuales para controlar sangrado y vuelta a valores basales en cuanto mejora la visión. Subir presión ante toda hemorragia es la trampa clásica: a menudo el problema es hipertensión arterial relativa del paciente, y la respuesta correcta es avisar a anestesia, no escalar la bomba. La circulante debe anticipar el recambio de bolsas (nunca dejar que entre aire al sistema) y llevar la cuenta de litros infundidos, un dato que el cirujano agradece escuchar en voz alta a intervalos regulares.
Vigilancia del edema por extravasación
- Palpar periódicamente el deltoides, el trapecio y la región pectoral: la tensión progresiva es el primer signo.
- Vigilar el cuello en procedimientos largos: el edema cervical puede comprometer la vía aérea tras la extubación.
- Avisar sin miedo: comunicar litros infundidos, tiempo de bomba y cambios en las partes blandas es función de enfermería.
- Factores de riesgo: cirugía prolongada, presiones altas mantenidas, espacio subacromial y obesidad.
- Registrar presión de trabajo, litros totales y estado de partes blandas al cierre.
«En la artroscopia de hombro, la instrumentista que canta los litros y palpa el deltoides está haciendo tanta cirugía como el que sujeta la óptica.»
Gestión de suturas, implantes y registro
Las reparaciones de manguito o de labrum multiplican hilos y anclajes en el campo: el orden en el pase de suturas, la identificación por colores y la trazabilidad de cada implante (referencia y lote) son responsabilidad directa de la instrumentista. El registro perioperatorio completo (posición, protecciones, parámetros de bomba, implantes, incidencias) tiene además valor legal y asistencial. Cada vez más unidades lo integran en programas de historia clínica electrónica como DriCloud, de modo que la hoja de enfermería quirúrgica, los consentimientos y las imágenes del procedimiento queden vinculados al episodio del paciente y disponibles en la consulta de revisión.
Conclusión práctica
Checklist propio de artroscopia, bomba entendida y no solo encendida, cuenta de litros en voz alta, palpación periódica de partes blandas y registro riguroso de implantes y parámetros. Con esos cinco hábitos, enfermería convierte un procedimiento exigente en un procedimiento seguro. El contexto quirúrgico completo está desarrollado en nuestra guía de artroscopia de hombro.