
La artroscopia de hombro es, de todas las articulaciones, la que más pone a prueba al equipo de enfermería: se trabaja en un espacio virtual mantenido por presión de agua, con consumos de suero que pueden ser considerables en una reparación compleja y prolongada, y con un riesgo específico (la extravasación de fluido hacia las partes blandas del cuello y el tórax) que exige vigilancia continua durante toda la cirugía, no solo al inicio. Instrumentista y circulante no son espectadores del procedimiento: son quienes sostienen, con su trabajo silencioso y sistemático, las condiciones que permiten al cirujano ver y trabajar con seguridad. Este artículo recoge lo que considero imprescindible dominar para el equipo de enfermería que se incorpora a un quirófano de artroscopia de hombro, desde el montaje inicial hasta el registro final.
Posicionamiento del paciente: la base de todo lo demás
La colocación del paciente condiciona el resto de la cirugía más de lo que a veces se reconoce. En posición de silla de playa, el circulante debe verificar la alineación del tronco, la protección de puntos de apoyo (occipucio, sacro, talones), la fijación segura de la cabeza sin comprimir estructuras cervicales y el acceso libre de la vía aérea para anestesia, además de comprobar que el brazo operatorio queda libre en todo su recorrido de movilidad sin comprometer líneas ni monitorización. En decúbito lateral con tracción, la responsabilidad añadida es la vigilancia del sistema de suspensión del miembro y de los apoyos axilares, con especial atención al plexo braquial contralateral, que puede lesionarse por una mala protección del hombro de apoyo. La disposición completa del quirófano cambia de forma sustancial según se opere en sedestación o en lateral, con implicaciones que revisamos con detalle en silla de playa o decúbito lateral, y conviene que el equipo de enfermería conozca ambos montajes antes del día de la cirugía, no improvisarlos sobre la marcha.
Montaje de la torre y comprobaciones previas
Antes de la inducción anestésica, la torre debe estar completamente operativa: cámara con balance de blancos hecho, fuente de luz probada, sistema de bomba purgado con la línea de irrigación conectada sin burbujas, sinoviotomo y radiofrecuencia comprobados en su funcionamiento y pedales situados exactamente donde el cirujano los prefiere, sin tener que buscarlos con el pie durante la cirugía. Un estándar que funciona bien en la práctica es una lista de verificación propia de artroscopia, añadida al checklist quirúrgico general del centro, revisada siempre en el mismo orden, para que el montaje no dependa de la memoria individual de cada profesional ni varíe de un turno a otro.
La bomba: presión, flujo y sus trampas
La bomba de presión controlada es, sin exagerar, el corazón del procedimiento. En hombro se trabaja habitualmente con presiones moderadas, ajustadas al momento quirúrgico: presiones más bajas al inicio, subidas puntuales y breves para controlar un sangrado activo, y vuelta a valores basales en cuanto mejora la visión del campo. Subir la presión ante cualquier sangrado es la trampa clásica en la que caen los equipos con menos experiencia: a menudo el problema real es una hipertensión arterial relativa del paciente durante ese momento de la cirugía, y la respuesta correcta es avisar a anestesia para ajustar la tensión, no escalar indefinidamente la presión de la bomba. La circulante debe anticipar el recambio de bolsas de suero con margen suficiente, evitando siempre que entre aire al sistema, y llevar la cuenta aproximada de litros infundidos, un dato que el cirujano agradece escuchar en voz alta a intervalos regulares durante procedimientos largos.
Vigilancia del edema por extravasación
- Palpar periódicamente el deltoides, el trapecio y la región pectoral: la tensión progresiva es el primer signo.
- Vigilar el cuello en procedimientos largos: el edema cervical puede comprometer la vía aérea tras la extubación.
- Avisar sin miedo: comunicar litros infundidos, tiempo de bomba y cambios en las partes blandas es función de enfermería.
- Factores de riesgo: cirugía prolongada, presiones altas mantenidas, espacio subacromial y obesidad.
- Registrar presión de trabajo, litros totales y estado de partes blandas al cierre.
«En la artroscopia de hombro, la instrumentista que canta los litros y palpa el deltoides está haciendo tanta cirugía como el que sujeta la óptica.»
Gestión de suturas, implantes y registro
Las reparaciones de manguito rotador o de labrum multiplican hilos, poleas de sutura y anclajes en el campo quirúrgico: el orden riguroso en el pase de suturas al cirujano, la identificación por colores de cada hilo cargado y la trazabilidad completa de cada implante, con su referencia y número de lote, son responsabilidad directa de la instrumentista y no admiten atajos. Perder la cuenta de cuántas suturas quedan cargadas en el campo, o confundir un color con otro en una reparación con múltiples anclajes, puede obligar a repetir pasos de la técnica o, en el peor de los casos, dejar material olvidado. El registro perioperatorio completo, con posición del paciente, protecciones utilizadas, parámetros de bomba durante la cirugía, implantes colocados con su trazabilidad e incidencias si las hubo, tiene además un valor legal y asistencial que va mucho más allá del papeleo rutinario: es la memoria objetiva de la cirugía a la que se recurre si surge cualquier duda en el seguimiento posterior del paciente.
Conclusión práctica
Un posicionamiento cuidadoso desde el primer minuto, un checklist propio de artroscopia, una bomba entendida y no solo encendida, la cuenta de litros comunicada en voz alta, la palpación periódica de partes blandas y un registro riguroso de implantes y parámetros: con esos hábitos, sostenidos con disciplina en cada caso, el equipo de enfermería convierte un procedimiento exigente en un procedimiento seguro. El contexto quirúrgico completo, con indicaciones, portales y técnica desde la perspectiva del cirujano, está desarrollado en nuestra guía general de artroscopia de hombro.