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Lesiones condrales de rodilla: de las microfracturas a las técnicas actuales

Las microfracturas ya no son la respuesta universal al defecto condral. Tamaño, localización, edad y alineación definen hoy un algoritmo con más opciones y más exigencia de indicación.

Publicado: 06 Jul 2026 · Redacción Artroscopia.org

Lesiones condrales de rodilla: de las microfracturas a las técnicas actuales

Las lesiones condrales focales de la rodilla son un hallazgo frecuente en la artroscopia de rodilla y una fuente clásica de decisiones improvisadas: se descubren en quirófano, sin plan previo, y se resuelven «con lo que hay». La cirugía del cartílago moderna exige lo contrario: caracterizar la lesión antes de operar (tamaño, profundidad según ICRS, localización, estado del hueso subcondral) y tratar la rodilla completa, no solo el cráter.

El declive de las microfracturas como técnica universal

Las microfracturas dominaron el tratamiento del defecto condral durante dos décadas por su sencillez y bajo coste. Hoy sabemos que el fibrocartílago que generan se deteriora con el tiempo, que los resultados decaen a partir del segundo o tercer año en lesiones mayores de 2 cm², y que la lesión del hueso subcondral que provocan (quistes, osteofitos intralesionales) puede comprometer cirugías posteriores. Siguen siendo razonables en defectos pequeños y contenidos de pacientes con baja demanda, pero han dejado de ser la respuesta por defecto, y las técnicas de perforación con agujas finas de menor daño subcondral les están ganando terreno incluso en ese nicho.

El arsenal actual: elegir por tamaño y localización

En defectos de pequeño y mediano tamaño, la condrogénesis inducida por matriz (AMIC), que combina estimulación medular con una membrana de colágeno, mejora la calidad y durabilidad del relleno respecto a las microfracturas aisladas. La mosaicoplastia con autoinjerto osteocondral mantiene su vigencia en lesiones de 1-2 cm² del cóndilo femoral con afectación subcondral, con la limitación de la morbilidad de la zona donante. En defectos grandes o tras fracaso de técnicas previas, el implante de condrocitos autólogos sobre matriz (MACI) y los aloinjertos osteocondrales en fresco son las opciones con mejor rendimiento en paciente joven y activo, asumiendo su coste y su complejidad logística. Las terapias con células mesenquimales y los ortobiológicos siguen siendo, en 2026, tratamientos adyuvantes prometedores pero sin evidencia suficiente para sustituir a las técnicas estructurales.

Principios que no cambian con la técnica

  • Ninguna técnica condral sobrevive a una mala alineación: valorar siempre osteotomía asociada en ejes patológicos.
  • Tratar la inestabilidad ligamentosa y la patología meniscal antes o junto al cartílago.
  • Medir el defecto tras el desbridamiento hasta borde estable: casi siempre es mayor de lo estimado.
  • Respetar el hueso subcondral: es el fundamento de cualquier reparación.
  • Rehabilitación larga y protocolizada: la biología va más despacio que el paciente.
«El defecto condral no se trata en el cráter sino en la rodilla entera: eje, menisco y estabilidad deciden más que la membrana que se implante.»

Al paciente equivocado, ninguna técnica le sirve

La frontera más importante sigue siendo la que separa la lesión focal de la enfermedad degenerativa difusa. En la rodilla con artrosis establecida, las técnicas de reparación condral no tienen indicación, y ofrecerlas genera expectativas que la biología no puede cumplir; ese escenario se aborda en nuestro análisis sobre artroscopia en la rodilla artrósica. La edad fisiológica, el índice de masa corporal, el tabaquismo y la capacidad real de cumplir una rehabilitación de seis a doce meses pesan tanto como la imagen de la lesión.

Conclusión

El tratamiento de las lesiones condrales ha pasado de una técnica para todo a un algoritmo por tamaño, localización y paciente. Planificar con imagen adecuada, corregir el entorno mecánico y elegir la técnica con criterio (no con inercia) es lo que separa un relleno transitorio de una articulación preservada.