
La elección del injerto en la reconstrucción del ligamento cruzado anterior sigue siendo una de las decisiones con más peso pronóstico de toda la artroscopia de rodilla. En 2026 la pregunta correcta ya no es «cuál es el mejor injerto», sino «cuál es el mejor injerto para este paciente». La edad, el nivel y tipo de deporte, la laxitud constitucional, la profesión y la morfología del aparato extensor deberían pesar más que la costumbre del cirujano.
HTH: el clásico que sigue rindiendo en deporte de pivotaje
El injerto hueso-tendón-hueso de tendón rotuliano ofrece fijación hueso-hueso, integración rápida en los túneles y las tasas de rerrotura más bajas de forma consistente en población joven y deportista de pivotaje. Su peaje es conocido: dolor anterior de rodilla, molestias al arrodillarse y un riesgo bajo pero real de fractura rotuliana o rotura del tendón donante. En pacientes que trabajan de rodillas (instaladores, personal de mantenimiento, determinados oficios sanitarios) conviene pensarlo dos veces antes de indicarlo.
Isquiotibiales: versatilidad con letra pequeña
El semitendinoso, con o sin recto interno, sigue siendo el injerto más utilizado en Europa y Latinoamérica por su baja morbilidad donante y su versatilidad. Sus limitaciones también están bien documentadas: diámetro impredecible, cierta pérdida de fuerza flexora y de rotación interna, y peores resultados relativos en mujeres jóvenes con hiperlaxitud, donde la recidiva de laxitud es más frecuente. Un injerto de menos de 8 mm de diámetro en un adolescente deportista debería hacer replantear la estrategia intraoperatoria: triplicar fascículos, añadir refuerzo o asociar una tenodesis lateral, como se detalla en nuestro artículo sobre tenodesis extraarticular lateral.
Tendón cuadricipital: de alternativa a primera opción
El gran cambio de la última década es el ascenso del tendón cuadricipital, con o sin pastilla ósea. Ofrece un injerto grueso, de diámetro predecible y con propiedades biomecánicas excelentes, con menos dolor anterior que el HTH y sin sacrificar los flexores. La cosecha mínimamente invasiva ha reducido la morbilidad estética y el riesgo de debilidad extensora precoz, aunque exige un trabajo de cuádriceps riguroso en el postoperatorio. Cada vez más unidades lo consideran primera elección en revisiones y en primarias de alta demanda.
Orientación práctica por perfil de paciente
- Deportista joven de pivotaje y contacto: HTH o cuadricipital con pastilla ósea.
- Mujer joven con hiperlaxitud: evitar isquiotibiales aislados; valorar HTH o cuadricipital más tenodesis lateral.
- Paciente que trabaja arrodillado: evitar HTH; isquiotibiales o cuadricipital.
- Revisión de plastia previa: cuadricipital como primera opción si el HTH ya se utilizó.
- Baja demanda deportiva: isquiotibiales siguen siendo una opción razonable y poco mórbida.
«El mejor injerto no es el que mejor domina el cirujano, sino el que mejor encaja con la rodilla, el deporte y la vida del paciente.»
La elección del injerto no termina en quirófano
Ningún injerto compensa una reconstrucción con túneles mal posicionados, una pendiente tibial patológica ignorada o una rehabilitación apresurada. La discusión HTH-isquiotibiales-cuadricipital debe integrarse en un plan global que contemple las lesiones asociadas (meniscales, condrales, del compartimento anterolateral) y unos criterios de alta funcionales y no de calendario, como desarrollamos en el artículo sobre retorno al deporte tras plastia de LCA. Documentar en la consulta preoperatoria por qué se eligió cada injerto, con el paciente como parte activa de la decisión, es además la mejor protección médico-legal y la mejor medicina.