
La lógica de la artroscopia de tobillo no termina en la cápsula articular. Alrededor del tobillo discurren vainas tendinosas y bursas que son, en la práctica, espacios endoscópicos naturales: introducir en ellos una óptica de 2,7 mm convierte cirugías de abordaje amplio en procedimientos de dos incisiones puntiformes. La tendoscopia de los peroneos y la endoscopia del Aquiles y del espacio retrocalcáneo son las dos aplicaciones más consolidadas de esta artroscopia extraarticular.
Tendoscopia de los peroneos: indicaciones y técnica
La vaina peronea se explora a través de dos portales situados sobre el trayecto tendinoso, uno distal y otro proximal a la punta del maléolo lateral, con el nervio sural como estructura a respetar. Las indicaciones más rentables son la tenosinovitis persistente, las roturas longitudinales del peroneus brevis (desbridables o suturables según su extensión), el peroneus quartus sintomático, el tubérculo peroneo hipertrófico y la evaluación dinámica de la subluxación tendinosa. La tendoscopia permite además inspeccionar el retináculo desde dentro y decidir si la luxación recidivante exige profundización del surco o reparación retinacular, gestos que pueden completarse por vía endoscópica en equipos experimentados.
Aquiles: del paratendón a la bursa retrocalcánea
En el Aquiles conviven dos escenarios endoscópicos distintos. En la tendinopatía no insercional, la liberación endoscópica del paratendón y la resección de adherencias y neovasos ofrecen una alternativa de baja agresividad cuando fracasa el tratamiento excéntrico bien pautado. En el síndrome de Haglund, la calcaneoplastia endoscópica con resección de la bursa retrocalcánea y del reborde óseo posterosuperior del calcáneo se realiza mediante dos portales a ambos lados del tendón, con resultados comparables a la cirugía abierta, menos complicaciones de herida y una recuperación notablemente más rápida. La fluoroscopia lateral intraoperatoria confirma que la resección ósea es suficiente.
Requisitos para una tendoscopia segura
- Óptica de pequeño calibre (2,7 mm) y bomba a baja presión: las vainas son espacios estrechos.
- Portales sobre el tendón, nunca sobre trayectos nerviosos marcados (sural en peroneos).
- Exploración dinámica movilizando el pie: la patología por fricción solo se ve en movimiento.
- Ecografía preoperatoria para mapear la lesión y planificar la altura de los portales.
- Umbral bajo de conversión: la tendoscopia diagnostica; si la rotura exige sutura amplia, se abre.
«La tendoscopia no compite con la cirugía abierta del tendón: le quita los casos en los que abrir era pagar demasiado por ver.»
Resultados y curva de aprendizaje
Las series publicadas coinciden en tres ventajas constantes: menos problemas de herida (relevantes en una zona de cobertura precaria como el retropié), recuperación funcional más precoz y posibilidad de cirugía sin ingreso. La contrapartida es una curva de aprendizaje real: los espacios son estrechos, la orientación es menos intuitiva que en la articulación y la tolerancia al error técnico es baja. El camino natural es dominarla después del abordaje posterior articular, cuya sistemática de seguridad comparte; puede repasarse en nuestro artículo sobre la artroscopia posterior de tobillo y el os trigonum.
Conclusión
La tendoscopia amplía el territorio de la artroscopia del tobillo más allá de la articulación con la misma filosofía: mínima agresión, anatomía respetada y rehabilitación precoz. Bien indicada, es de las cirugías con mejor relación entre agresividad y beneficio de todo el retropié.