
El complejo fibrocartílago triangular (TFCC) es, a la vez, amortiguador de carga de la columna cubital y estabilizador principal de la articulación radiocubital distal (RCD). Esa doble función explica por qué sus lesiones producen cuadros clínicos tan distintos: desde el dolor mecánico cubital del deportista de raqueta o de golf hasta la inestabilidad franca de la RCD tras una caída sobre la mano en extensión y pronación. Antes de decidir tratamiento conviene volver a lo básico: clasificar bien la lesión y correlacionarla con la clínica, porque la resonancia informa de muchas «lesiones» del TFCC, sobre todo perforaciones centrales degenerativas en pacientes de mediana edad, que jamás dolerán ni justifican ningún gesto quirúrgico. Tratar una imagen en vez de un paciente es uno de los errores más frecuentes que veo llegar en segunda opinión.
La clasificación de Palmer, cuarenta años después
Palmer separó las lesiones en traumáticas (tipo 1) y degenerativas (tipo 2), y esa división sigue siendo la primera decisión clínica ante cualquier dolor cubital de muñeca. Dentro de las traumáticas, la localización manda: la 1A es la perforación central avascular, la 1B es la avulsión periférica cubital con o sin fractura de la estiloides, la 1C afecta a la inserción distal en los ligamentos ulnocarpianos, y la 1D corresponde a la desinserción radial. Las lesiones tipo 2 (2A a 2E) describen el espectro degenerativo del síndrome de impactación cubital: desgaste progresivo del disco, condromalacia del semilunar y del piramidal, rotura del ligamento lunopiramidal y, finalmente, artrosis de la RCD. Es importante insistir en que la clasificación de Palmer, pensada originalmente sobre criterios anatómicos vistos por artroscopia, no sustituye a la valoración clínica: dos lesiones 1B con el mismo aspecto artroscópico pueden tener pronósticos muy distintos según el estado de la fóvea y la estabilidad de la RCD asociada.
Claves diagnósticas antes de indicar cirugía
- Exploración dirigida: dolor en fóvea (fovea sign), test de compresión ulnocarpiana y valoración comparativa del peloteo de la RCD en pronación, neutro y supinación.
- Radiografía con medición de varianza cubital: una varianza positiva orienta a impactación (tipo 2) y condiciona el gesto quirúrgico.
- Artro-RM o RM 3T: útil, pero con falsos negativos en lesiones foveales; el patrón oro sigue siendo la artroscopia.
- Test del trampolín y hook test artroscópicos para diferenciar la rotura periférica reparable de la lesión foveal profunda.
Del tipo de lesión al gesto quirúrgico
La mayoría de las lesiones 1A sintomáticas que no responden a tratamiento conservador se resuelven con desbridamiento artroscópico del colgajo central, respetando siempre los 2 mm periféricos que garantizan la estabilidad. Las 1B son el territorio de la reparación: la porción periférica está vascularizada y cicatriza bien; la técnica y sus matices se detallan en nuestro artículo sobre reparación artroscópica del TFCC periférico. Las 1C y 1D son menos frecuentes y exigen individualizar entre desbridamiento, reparación y reinserción según estabilidad y demanda funcional.
En las lesiones tipo 2 el problema no es el disco sino la sobrecarga mecánica: desbridar sin descomprimir es tratar el síntoma e ignorar la causa. Con varianza cubital positiva, la descompresión (resección tipo wafer artroscópica u osteotomía de acortamiento cubital) es la que modifica la historia natural, como desarrollamos en el artículo sobre impactación cubital y técnica de wafer.
«La clasificación de Palmer no se lee en la resonancia: se confirma con el palpador. El hook test vale más que cualquier informe radiológico.»
El matiz que cambió la práctica: la fóvea
La gran evolución conceptual de las últimas dos décadas ha sido distinguir, dentro de las lesiones 1B, la afectación de la inserción foveal profunda. Una rotura periférica superficial con fóvea íntegra puede repararse capsularmente con excelente pronóstico; una desinserción foveal con RCD inestable exige reinserción transósea o con anclaje en fóvea. Clasificaciones artroscópicas posteriores, como la de Atzei, han refinado este punto y hoy forman parte del lenguaje habitual del cirujano de muñeca.
Rehabilitación y complicaciones
Tras un desbridamiento simple de una lesión 1A, la recuperación es rápida: movilidad precoz y retorno a la actividad en pocas semanas, con carga progresiva según tolerancia. Tras una reparación periférica (1B) o una reinserción foveal, la muñeca debe inmovilizarse un periodo variable en función de la calidad del tejido reparado y la técnica empleada, seguido de movilización protegida y fortalecimiento progresivo, con retorno completo a la actividad deportiva o laboral de carga varios meses después. Las complicaciones son en general poco frecuentes, pero conviene conocerlas: la más relevante es la lesión de la rama sensitiva dorsal del nervio cubital durante los portales o el paso de suturas transóseas, seguida de la rigidez residual cuando la inmovilización se prolonga más de lo necesario o la movilización postoperatoria no se supervisa adecuadamente. En la osteotomía de acortamiento cubital, el retardo de consolidación y la necesidad de retirar el material de osteosíntesis por molestias son las incidencias más habituales a largo plazo.
Conclusión práctica
Clasificar según Palmer, medir la varianza cubital, explorar la RCD y confirmar con el palpador: con esos cuatro pasos, la decisión entre desbridar, reparar o descomprimir deja de ser intuitiva. El tratamiento conservador bien pautado (férula, modificación de carga, infiltración selectiva) sigue siendo el primer escalón en la mayoría de los pacientes, y muchos de ellos mejoran sin llegar a necesitar artroscopia. Puedes repasar la sistemática de exploración, portales e indicaciones generales en nuestra guía de artroscopia de muñeca.