
La evolución de la cirugía del labrum acetabular resume la historia reciente de la artroscopia de cadera: del desbridamiento sistemático de los años iniciales se pasó a la reparación como estándar, y hoy la conversación gira en torno a cómo reparar mejor. El labrum no es un menisco vestigial: contribuye a la estabilidad, distribuye presiones y, sobre todo, mantiene el sellado de succión que preserva la lubricación de la articulación. Cada gesto técnico debe orientarse a restaurar esa función, no solo a fijar tejido al hueso.
Preparación del reborde: donde empieza todo
Una reparación sólida exige un lecho óseo sangrante. Tras identificar la rotura, habitualmente en la transición condrolabral anterosuperior, asociada a la deformidad del choque femoroacetabular, se desperiostiza el reborde con sinoviotomo o fresa a baja revolución, resecando el componente PINCER cuando existe pero evitando acetabuloplastias generosas que descubran la cadera. La capsulotomía interportal debe ser suficiente para trabajar con comodidad y susceptible de cierre al final del procedimiento: la tendencia actual es claramente conservadora con la cápsula, especialmente en mujeres, pacientes laxos y deportistas de rotación.
Anclajes: pequeños, bien dirigidos y en el sitio justo
Los anclajes actuales (todo sutura o biocompuestos de pequeño diámetro, entre 1,4 y 2,3 mm) han reducido el riesgo de las dos complicaciones clásicas: la perforación del cartílago articular y la penetración en el trasfondo acetabular. La colocación se realiza a 2-3 mm del borde condral, con una inclinación que se aleje de la superficie articular; en la zona anteroinferior, donde el margen óseo es más estrecho, el portal accesorio distal anterolateral ofrece el mejor ángulo de ataque. La distancia entre anclajes, en torno a 8-10 mm, debe garantizar una fijación continua sin estrangular el tejido.
Claves técnicas de la reparación labral
- Lecho óseo cruentado en el reborde antes de anclar: sin biología no hay cicatrización.
- Anclajes de pequeño diámetro a 2-3 mm del cartílago, divergentes de la superficie articular.
- Sutura circunferencial en labrum grueso; puntos de base bien tensados en labrum fino: el objetivo es un labrum apoyado sobre la cabeza, no evertido.
- Comprobación dinámica sin tracción: el labrum debe sellar contra la cabeza en todo el arco de movimiento.
- Cierre capsular sistemático salvo rigidez previa significativa.
Configuración de suturas y sellado de succión
El debate entre sutura circunferencial (rodeando el labrum) y sutura de base (atravesándolo cerca de su inserción) se resuelve con sentido común anatómico: en labrums voluminosos, la circunferencial es rápida y segura; en labrums finos o degenerativos, una sutura tipo base mal tensada puede evertir el tejido y anular el efecto junta. Los estudios biomecánicos coinciden en que lo determinante no es el tipo de punto sino la restauración de la posición anatómica del labrum sobre la cabeza femoral. Antes de retirar la óptica, la comprobación dinámica sin tracción (flexión, rotaciones, FADIR) debe mostrar un labrum que acompaña a la cabeza y sella durante todo el recorrido.
«Un labrum reparado que no sella es un labrum decorado: la función de succión es el verdadero criterio de calidad de la reparación.»
Después de la reparación
La reparación labral rara vez viaja sola: la femoroplastia del componente CAM y el manejo capsular condicionan el resultado tanto como los anclajes. En el postoperatorio, la protección de la carga durante las primeras semanas y la limitación inicial de la rotación externa y la extensión forzada protegen la sutura y la cápsula, con progresión guiada según se detalla en el protocolo de rehabilitación tras artroscopia de cadera. Cuando el tejido es irreparable, la reconstrucción con injerto es la siguiente estación del algoritmo. El contexto completo de indicaciones, portales e instrumental está desarrollado en nuestra página de artroscopia de cadera.