
La evolución de la cirugía del labrum acetabular resume la historia reciente de la artroscopia de cadera: del desbridamiento sistemático de los años iniciales se pasó a la reparación como estándar, y hoy la conversación gira en torno a cómo reparar mejor, no a si conviene reparar. El labrum no es un menisco vestigial: contribuye a la estabilidad de la articulación, distribuye presiones sobre el cartílago y, sobre todo, mantiene el sellado de succión que preserva la lubricación y la nutrición del cartílago articular durante la carga. Cada gesto técnico, desde la elección del portal hasta el último punto de sutura, debe orientarse a restaurar esa función mecánica, no simplemente a fijar tejido al hueso para que la resonancia postoperatoria quede bonita.
Diagnóstico y selección del paciente
La indicación de reparación frente a desbridamiento o reconstrucción se decide con la combinación de resonancia magnética con secuencias específicas de cadera, valoración clínica del dolor inguinal mecánico y, en última instancia, con la inspección artroscópica directa del tejido. Un labrum con buena calidad tisular, sin degeneración avanzada ni calcificación extensa, es candidato a reparación en prácticamente cualquier edad funcional; un labrum hipoplásico, muy degenerado o con roturas complejas irreparables obliga a valorar reconstrucción con injerto. La decisión final se toma en quirófano, con el tejido delante, y conviene advertir de esa posibilidad al paciente antes de operar para no generar sorpresas en la conversación postoperatoria.
Preparación del reborde: donde empieza todo
Una reparación sólida exige un lecho óseo sangrante. Tras identificar la rotura, habitualmente en la transición condrolabral anterosuperior, asociada con frecuencia a la deformidad del choque femoroacetabular, se desperiostiza el reborde con sinoviotomo o fresa a baja revolución, resecando el componente PINCER cuando existe pero evitando acetabuloplastias generosas que descubran la cadera y comprometan la cobertura. La capsulotomía interportal debe ser suficiente para trabajar con comodidad y susceptible de cierre al final del procedimiento: la tendencia actual es claramente conservadora con la cápsula, especialmente en mujeres, pacientes con laxitud generalizada y deportistas de rotación, en quienes una capsulotomía amplia sin cierre puede favorecer microinestabilidad residual.
Anclajes: pequeños, bien dirigidos y en el sitio justo
Los anclajes actuales, todo sutura o biocompuestos de pequeño diámetro, han reducido notablemente el riesgo de las dos complicaciones clásicas de la fijación labral: la perforación del cartílago articular y la penetración en el trasfondo acetabular. La colocación se realiza próxima al borde condral, con una inclinación que se aleje de la superficie articular; en la zona anteroinferior, donde el margen óseo es más estrecho y el riesgo de penetración articular mayor, el portal accesorio distal anterolateral ofrece el mejor ángulo de ataque para dirigir el anclaje con seguridad. La distancia entre anclajes debe garantizar una fijación continua a lo largo de toda la rotura sin estrangular el tejido ni dejar zonas sin cobertura entre puntos, que es donde con más frecuencia se observan roturas recurrentes en la revisión artroscópica.
Claves técnicas de la reparación labral
- Lecho óseo cruentado en el reborde antes de anclar: sin biología no hay cicatrización.
- Anclajes de pequeño diámetro a 2-3 mm del cartílago, divergentes de la superficie articular.
- Sutura circunferencial en labrum grueso; puntos de base bien tensados en labrum fino: el objetivo es un labrum apoyado sobre la cabeza, no evertido.
- Comprobación dinámica sin tracción: el labrum debe sellar contra la cabeza en todo el arco de movimiento.
- Cierre capsular sistemático salvo rigidez previa significativa.
Configuración de suturas y sellado de succión
El debate entre sutura circunferencial (rodeando el labrum) y sutura de base (atravesándolo cerca de su inserción) se resuelve con sentido común anatómico: en labrums voluminosos, la circunferencial es rápida y segura; en labrums finos o degenerativos, una sutura tipo base mal tensada puede evertir el tejido y anular el efecto junta. Los estudios biomecánicos coinciden en que lo determinante no es el tipo de punto sino la restauración de la posición anatómica del labrum sobre la cabeza femoral. Antes de retirar la óptica, la comprobación dinámica sin tracción (flexión, rotaciones, FADIR) debe mostrar un labrum que acompaña a la cabeza y sella durante todo el recorrido.
«Un labrum reparado que no sella es un labrum decorado: la función de succión es el verdadero criterio de calidad de la reparación.»
Después de la reparación
La reparación labral rara vez viaja sola: la femoroplastia del componente CAM y el manejo capsular condicionan el resultado tanto como los anclajes. En el postoperatorio, la protección de la carga durante las primeras semanas y la limitación inicial de la rotación externa y la extensión forzada protegen la sutura y la cápsula, con progresión guiada según se detalla en el protocolo de rehabilitación tras artroscopia de cadera. Cuando el tejido es irreparable, la reconstrucción con injerto es la siguiente estación del algoritmo. El contexto completo de indicaciones, portales e instrumental está desarrollado en nuestra página de artroscopia de cadera.